Comida rápida: na tan mala
Salvar el planeta y mejorar el negocio: esa es la estrategia de la mayor cadena de restaurantes de Europa.
By John Dyson
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Los arcos dorados sobre un fondo verde han llamado mi atención. Con el estómago rugiéndome de hambre, miré el edificio sorprendido.
¡Era verde!
Las paredes verde oscuro estaban revestidas parcialmente de madera natural y el tejado marrón le daba un aire de cabaña forestal. Así que, ¿qué se podía hacer aquí, cerca de un concurrido supermercado en Brunnthal, a las afueras de Munich (Alemania)?
¿Dónde estaban las familiares señales rojas, los carteles chillones de vivos colores y toda la parafernalia de comida basura?
Dentro, encontré un mundo diferente. Ya no había luces de neón, ni mobiliario de plástico, ni la sensación de estar en un lugar de batalla. Había colores sutiles, luces suaves y cómodas sillas con aspecto de ser de piel. En un extremo, había un gimnasio para niños. En el otro, un ‘McCafé’ donde hombres de negocios estaban sentados en mesas chateando delante de un café y los más mayores devoraban pasteles. ¿Disfrutaban de verdad los adultos de McDonald’s?
Los paneles iluminados con los menús sobre el mostrador ofrecían comida con la que nunca soñé encontrarme en un McDonald’s: fruta y yogur, ensaladas, leche ecológica, costillas de cerdo en panecillos, wraps, patatas fritas y aros de cebolla, bebidas sin azúcar e incluso hamburguesas vegetarianas.
Las famosas palabras: “un Big Mac con patatas fritas, por favor”, no tuvieron que salir de mi boca. En vez de eso, tecleé el pedido en una pantalla táctil, pasé mi tarjeta de crédito y en menos de un minuto recogí mi hamburguesa en una bandeja con un cuenco de papel para la ensalada fresca y un capuchino decente.
En ese momento era uno de los 12.300.000 clientes diarios que recogen su comida en uno de los 6.700 establecimientos con los que cuenta la cadena repartidos por 39 países de la gran Europa. La mayor cadena de restaurantes del continente se considera un icono de protección al consumidor y es también la sexta marca más valorada del mundo.
Nos dicen que este gigante de la comida rápida se está haciendo ecológico. ¿Es posible?
El nuevo aspecto verde tiene que ver más con un relanzamiento de la imagen que con salvar el planeta. El viejo rojo y amarillo se consideraba demasiado agresivo y pasado de moda para algunos restaurantes.
Diseñado en París en 2008 y producido de distintas formas mientras se iban actualizando los restaurantes, este aspecto procede de la visión de Denis Hennequin, un francés que dirige las operaciones europeas de la empresa. “En Estados Unidos, el 70 por ciento del negocio procede de los McAutos porque los americanos no paran a comer”, afirma. “Pero los europeos prefieren entretenerse: quieren un lugar para distraerse y parar un rato”.
Un montón de innovaciones ecológicas hacen que el impacto de mi Big Mac en el medio ambiente sea el menor posible.
Mis patatas han salido de freidoras que usan un 40 por ciento menos de aceite y un cuatro por ciento menos de energía. La caja de cartón que envuelve la hamburguesa está hecha de material reciclado recubierto con una película de plástico para asegurar que la comida no esté contaminada. La copa del batido es más fina.
El aceite de cocinar usado —una mezcla saludable de aceite de girasol y de colza que limita los ácidos grasos transgénicos— se almacena en una gran cisterna que después se transforma en biocombustible que se mezcla con diésel y se usa para hacer funcionar los camiones de la empresa.
Cuando los volúmenes de negocio involucrados son tan enormes, hasta el más mínimo detalle cuenta. Por ejemplo, reemplazar el cuenco de la ensalada de plástico por uno de papel supone un ahorro de 1.900 toneladas de materiales de fuentes no renovables. Hacer 300 millones de removedores de café al año de madera en vez de plástico elimina ocho camiones de 10 toneladas de plástico. El servilletero que hace difícil sacar más de una servilleta a la vez, ahorra no sólo unos cuantos camiones sino también miles de toneladas de árboles.
Todos los días, me dijo orgullosamente el director Carsten Hermann, de 29 años, envía una “patrulla de empleados” con grandes bolsas de papel para recoger la basura de McDonald’s de los aparcamientos cercanos. “La gente que se come la comida en el coche, la tira por la ventanilla, en vez de usar las papeleras existentes”, asegura.
Este tipo de medidas, junto con reclamos como los enchufes para recargar los coches eléctricos instalados en un puñado de restaurantes McDonald’s en Suecia y Bélgica, consiguen una buena publicidad.
Pero lo verdaderamente ecológico de McDonald’s está en la ingeniería que casi nadie ve. “Nuestro objetivo es hacer que nuestra huella ecológica sea lo más pequeña posible y comprometer a todo el mundo, desde los consumidores a la competencia, a que hagan lo mismo”, afirma Else Krueck, director medioambiental para Europa.
“Alrededor de un ochenta por ciento de nuestra huella se deriva del uso de electricidad y es un gran coste, así que la ecuación es simple: ahorrar energía ahorra costes”.
El secreto consiste en usar energía sólo cuando es necesario. Como la ventilación. El restaurante tenía una ocupación de menos de la mitad, así que los medidores del CO2 exhalado por los consumidores habían disminuido el funcionamiento de los ventiladores. El sistema inventado por McDonald’s en Suecia volvía a activar los ventiladores cuando llegaban más clientes. “Esto recorta el consumo a la mitad en los momentos tranquilos”, afirma Mathias Schätzthauer, jefe de construcción de la empresa en Alemania.
Un sistema de gestión de energía desarrollado en Austria controla constantemente el uso de gas, electricidad y agua. Estableciendo una conexión desde casa, el director puede ver, en un momento, si hay algo que va mal. “El otro día vimos un pico de consumo en la electricidad y descubrimos que se habían dejado una nevera abierta”, afirma.
Para evitar picos de consumo de electricidad, el encendido del equipo de cocina se controla todas las mañanas mediante un plan automático de “encendido”. Y cuando la cocina está funcionando a tope, el sistema bloquea los lavaplatos y las secadoras para no añadir potencia .
Esta visión de ahorro energético de la compañía se materializó en un nuevo restaurante abierto en diciembre de 2008 en Achim, a las afueras de Bremen (Alemania). Equipado con todo los tipos de dispositivos para ahorrar energía, es lo más cercano a la ciencia más innovadora empleada por McDonald’s. Pero se produjeron un montón de sorpresas.
El sistema geotérmico para calentar el agua, mediante el bombeo a 70 metros por debajo de la tierra, necesitaba al menos 11 pozos para funcionar. Había un sistema solar para calentar el agua instalado en el tejado junto con los paneles fotovoltaicos y un aerogenerador. Pero no funcionaban.
Para impresionar a los clientes con toda esta energía verde en el tejado, se instaló un lector electrónico en el restaurante. Pero incluso en los momentos pico, el aerogenerador nunca generó más de 1,1 kWh de energía a la hora (un hervidor eléctrico consume 3 kWh). “Basándonos en estos resultados, la generación de energía solar o eólica no sería la primera recomendación para nuestros restaurantes. Hay medidas más efectivas en las que invertir”, afirma Else Krueck.
En total, el paquete de medidas ecológicas ahorra más de un 20 por ciento de energía, unos 1.000 euros al mes por restaurante. “Amortizar la inversión lleva unos cinco años, dependiendo de los precios de los suministros”, afirma Schätzthauer.
La ternera picada utilizada para las hamburguesas es suministrada por 400.000 ganaderos de toda Europa. Los 2,5 millones de animales cuyos cuartos traseros y delanteros acaban en McDonald’s son responsables de enormes emisiones de metano que pueden causar el calentamiento global. Para adelantarse a las críticas y asegurar que no se interrumpen los suministros de carne, McDonald’s respalda un programa de investigación trienal para probar 350 granjas en Bretaña. “Queremos identificar determinadas prácticas agrícolas y ganaderas para reducir las emisiones de gases invernadero y después ponerlas en conocimiento público para que los demás ganaderos puedan también emplearlas”, afirma el director de sostenibilidad, Keith Kenny.
Una granja de terneros en Irlanda deja las esquinas de los campos de cultivo en barbecho para beneficiar a los pájaros. Una granja de productos lácteos en los Países Bajos tiene robots ordeñadores automatizados para sus vacas. Una explotación de patatas en Polonia usa los mejores fertilizantes ecológicos y tecnología química para cultivar 135.000 toneladas de patatas.
Cuando acabé de comer, eché la bandeja a la basura. Más tarde, el personal separaría los materiales para su reciclado. “Nueve de cada diez personas podrían hacerlo bien pero si el décimo lo hace mal acabaríamos con menos cosas que reciclar”, afirma Krueck. “Es mejor y más ecológico, en la mayoría de los países, hacerlo nosotros”.
La receta ecológica debe funcionar porque McDonald’s arrasa. Aunque en Europa tiene sólo una cuarta parte de todos sus restaurantes, consiguen más beneficios que en todo Estados Unidos. Pero cuando se trata de “ecologizarse”, las empresas de comida rápida pueden llegar sólo hasta un punto. “Después de todo”, afirma Schätzthauer, “nunca podremos evitar el hecho de que nuestro negocio consiste en hacer hamburguesas de carne”.
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1 Comentarios |
| williams amata on 28 May 2010 ,23:54 very good cool to every one in the world to come and joine it today . |
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