Para ayudarte a sortear el campo minado de la vida social, pedimos consejo a tres especialistas: una terapeuta sexual, una psicóloga clínica y una experta en buenos modales.

{Vida de pareja}

☹ Tu pareja quiere que veas con ella su serie de televisión favorita, pero tú preferirías dedicarte a otra cosa. ¿Qué haces?

☺ “Sugiérele que vea lo que quiera mientras tú haces otra cosa. Las parejas no tienen que hacer todo juntas para sentirse unidas”, dice la psicóloga clínica Renee Mill. “Anima a tu pareja a disfrutar sola de sus series preferidas, y verás que, con el tiempo, ella te sugerirá que hagas lo mismo. Sin embargo, procurad reservar tiem-po para ver juntos un programa que os guste a ambos”.

☹ Tu pareja ha quedado para cenar con unos amigos que a ti te parecen aburridos. ¿Cómo librarte?

☺ Es aconsejable que hagas un esfuer-zo y la acompañes ocasionalmente, pero si es la tercera vez en tres semanas, di: “¡Perfecto, ve tú! Yo me quedaré en casa para ponerme al día con un montón de cosas que tengo pendientes”. Mill sugiere a las parejas tener amigos comunes. “Si no es posible, sal a divertirte con tus amigos que no le caen bien a tu pareja mientras ella sale con los suyos”, dice. “Así, cuando volváis a casa, ambos estaréis contentos”.

☹ Tu pareja quiere hacer el amor, pero tú no tienes ganas.

☺ Siempre que sea posible, trata de convertir el no de tu mente en un sí, porque la intimidad del sexo fortalece la relación. La terapeuta sexual Heide McConkey enfatiza que la actividad sexual requiere el consentimiento de ambos, así que no temas ser asertiva en este asunto. Si estás muerta de cansancio, di algo así: “Me siento agotada, pero veo que tienes muchas ganas de hacer el amor. Así que, ¿te parece bien si tú haces todo esta vez? La próxima, cuando me sienta mejor, me tocará a mí complacerte”. Ésta es una excelen-te manera de resolver el toma y daca que es el juego sexual. Ahora bien, si el enfado es la causa de tu desgana, tienes que ser sincero respecto a la razón subyacente de tu reticencia, añade la especialista.

☹ Tu pareja quiere que os disfracéis como parte de un juego erótico, pero a ti no te gustan las extravagancias. ¿Podría afectar a tu vida sexual?

☺ McConkey considera importante que las parejas hablen de sus “límites” en el terreno sexual. “Negarse simplemente no ayuda mucho”, afirma. “Es más útil que intentéis descubrir juntos si la reticencia del otro se debe a timidez, a un miedo abierto o a una cuestión de imagen corporal. Así podréis lograr una mayor comprensión de vuestras respectivas necesidades”.

{Amigos y familia}

☹ Una amiga te invita a unirte a Facebook, pero tú no quieres.

☺ Simplemente, haz caso omiso de la invitación, y si el tema surge mientras charláis, puedes responder: “Gracias, pero no me interesa estar en Facebook”.

☹ Un amigo al que no conoces muy bien te pide dinero prestado.

☺ Marion von Adlerstein, experta en buenos modales, piensa que es inútil alegar que no tienes dinero, pues esa persona quizá intente pedirte prestado en otra ocasión. “Recordarles a los amigos que el dinero y la amistad no se mezclan tampoco es aconsejable. Así que una buena salida es decir: ‘¡Qué casualidad! Yo también iba a pedirte que me prestaras dinero. Es una desgracia ser pobre, ¿verdad?’”

☹ Vas a celebrar una fiesta, y unos amigos tratan de sonsacarte una invitación para unos gorrones.

☺ Puedes ahorrarte mucho estrés si respondes lo siguiente: “Nos encantaría verlos en la fiesta, pero nuestro presupuesto para comida y bebida no llega. Lo siento”. Von Adlerstein también recomienda trasladar la responsabilidad a otra persona. Por ejemplo: “Mi padre va a pagar los gastos, así que no puedo invitar a más de 20 [o 50 o 100] personas”.

☹ No deseas unirte a una colecta para comprar un regalo caro a algún amigo o familiar.

☺ No hagas mención del dinero; di tan sólo que prefieres elegir un regalo tú mismo, sugiere Von Adler-stein. O di esto: “¡Qué pena! Yo ya he comprado un regalo”.

☹ Unos familiares o amigos que viven en otra ciudad suponen que pueden alojarse en tu casa.

☺ La clave para resolver situaciones como ésta consiste en dar una buena razón para negarse a recibir visitas de manera que esas personas no insistan en quedarse, señala Mill. Por ejemplo, di: “Estoy pasando por un periodo de mucho estrés y no podría atender a gente en casa en este momento”. O bien: “Mamá, tenerte a ti y a papá unos días aquí podría complicar mi relación con mi marido/mujer. Sé que comprendes mi situación y que lo que más deseas es que seamos felices”.

☹ Un amigo o familiar te da un regalo que no te entusiasma y luego te pregunta si te gusta.

☺ Te guste o no el regalo, acéptalo con una sonrisa, dice Von Adlerstein, a menos que la persona te sugiera cambiarlo por otro o que seas alérgica a ese perfume o metal no precioso (si se trata de una joya). Si el regalo es de un simple conocido, puedes venderlo por Internet; guardarlo para dárselo a alguien en su cumpleaños o, mejor aún, donarlo a una organización de beneficencia.

☹ Tus suegros han vuelto a invitaros a comer, pero tú estás pintando tu casa y preferirías quedarte para acabar.

☺ Lo que percibes como presión por lo general lo es, dice McConkey. Necesitas decirles a tus suegros lo que piensas y no dejarte presionar. Recuerda que la asertividad se adquiere con la práctica, así que es hora de que empieces a ejercitarla.

☹ Un amigo te pide consejo o ayuda sobre un tema relacionado con tu profesión u oficio.

☺ Si eres directo desde el principio, evitarás que se ofenda y te ahorrarás remordimientos más adelante. Puedes decir: “Me gustaría ayudarte, pero en estos momentos tengo demasiado trabajo y no podría dedicarle toda mi atención a tu asunto”. O bien, sugiérele que acuda a otra persona en unos términos que lo convenzan de que quieres ayudarlo. Por ejemplo, di lo siguiente: “Quisiera ayudarte, pero creo que te convendría recurrir a alguien con más experiencia (o conocimientos) en este campo. Tendrás que pagarle, pero te aseguro que hará un mejor trabajo que yo”.

☹ Tu hija (o hijo) quiere hacerse un tatuaje, perforarse las orejas o ponerse un piercing en el ombligo.

☺ Para resolver esto no requieres un guión ensayado ni ser una experta en psicología: tú eres la madre y ella es la hija, así que simplemente di: “¡NO!” Si ella comienza a echar mano de ese lloriqueo fastidioso que ha vencido tu oposición en otras ocasiones, amenaza con enseñarle la cicatriz que te dejó un tatuaje o una perforación infectada a los 17 años… en una parte del cuerpo que tu hija no ha visto desde el día en que la trajiste al mundo.

{Vida diaria}

☹ Tu dentista (o tu mecánico) te sugiere un tratamiento o una reparación preventiva cara.

☺ Antes de endeudarte para poder pagar ese tratamiento o reparación, pregunta por qué es tan importante y por qué cuesta tanto. Si su explicación te parece dudosa, dile que te gustaría seguir su sugerencia, pero que no tienes dinero en ese momento.

☹ Un vecino o un colega del trabajo te pide firmar una petición con la que no estás de acuerdo.

☺ Si todavía sufres por la incesante presión a la que te sometían tus compañeros de colegio para que apoyaras sus demandas, tienes todo el derecho a actuar con cautela. Responde que necesitas informarte bien para poder tomar una decisión: “Me gusta apoyar las causas justas, pero necesito más información sobre este asunto antes de firmar una petición”.

☹ El colegio de tu hijo necesita padres voluntarios que ayuden en la fiesta anual.

☺ Si se trata del quinto año conscutivo y esta vez no deseas participar, alega que ya tienes un compromiso para ese día. Si prefieres ser más diplomático, declina la invitación de manera amable: “Creo que este año me perderé la fiesta, pero pregúntenme con toda confianza en otra ocasión”.

{Vida Social}

☹ Una amiga te pregunta si te cae bien su nueva pareja… y no es así.

☺ Salte por la tangente y di: “Pero si apenas lo conozco”. Esto debe bastar hasta que tengas algo positivo que decir. Después de unos meses, si no ha cambiado tu opinión acerca de esa persona y tu amiga vuelve a pedírtela, tal vez puedas decir algo como esto: “Me gustan sus zapatos de piel” o “Es simpático”. McConkey considera que debes decirle con tacto a tu amiga lo que piensas. Pero como tu opinión sobre su pareja puede volverse positiva con el tiempo, es mejor que evites hacer juicios precipitados.

☹ Estás en un restaurante con tus compañeros de trabajo y no has comido ni bebido casi nada, mientras que ellos se han atracado y ahora te piden compartir la cuenta.

☺ Ya es tarde, dice Von Adlerstein. No debiste haber ido si no podías permitírtelo. Paga, y la próxima vez pide el plato más caro. Discutir por la cuenta es una mala manera de terminar lo que quizá fue una cena feliz.

☹ Tus vecinos te piden que cuides a su mascota mientras ellos se van de vacaciones por unos días.

☺ ¡Ésta es fácil! Diles sencillamente que sabes lo mucho que significa para ellos su perro o su gato, y que la responsabilidad de cuidarlo sería demasiado para ti. O bien, di la verdad, aconseja Mill: “No soy amante de los animales y por eso no tengo. No creo que pudiera cuidar a la vuestra como os gustaría”.

☹ Los padres de los amigos de tus hijos insisten en invitarte a ti y a tu marido/mujer a barbacoas en su casa, pero vosotros no queréis ir.

☺ Como esta situación involucra a tus hijos, Mill recomienda no recurrir a mentiras piadosas. Di mejor: “Muchas gracias, pero hace meses decidimos pasar los fines de semana exclusivamente con nuestros hijos para pasar más tiempo en familia”. Esos padres os considerarán un poco raros y probablemente no volverán a invitaros otra vez.

{Tu voz interior}

☹ Te encuentras en una pastelería y te apetecen todos los dulces y pasteles que ves, pero estás tratando de perder peso y sabes que debes resistir…

☺ No ofenderás a nadie si te aguantas, pero si cedes a la tentación, vas a sabotear tu propósito de adelgazar. Di para tus adentros: “Los pasteles du-ran un minuto en la boca; ¡es mejor que me sienta bien todo el día!” Luego, huye cuanto antes de allí.

 

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