Di basta al dolor de estómago

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Ryan Mitchell, bombero y socorrista de 21 años de Florida (Estados Unidos), trabajaba en un oficio conocido por su dureza. Sin embargo, su organismo reaccionaba frecuentemente como un bebé al que acababan de darle un plato de guindillas picantes. Y eso le causaba mucha vergüenza.
Todo comenzó en el otoño de 2002, cuando empezó a dolerle el estómago después de comer ciertos alimentos. En el mes de diciembre, no podía retener ningún alimento, y sufría de terribles e intensísimos retortijones y de diarrea. “Corría al baño seis o siete veces al día”, recuerda Mitchell. Cuando acudía a accidentes de tráfico, incendios u otras emergencias, sentía las inconfundibles ganas de evacuar, pero se aguantaba hasta que pudiera llegar a un baño. “En cuanto terminaba la emergencia, le suplicaba al conductor del camión que se detuviera en una gasolinera, o incluso usaba el baño en el lugar del suceso. No estoy seguro de cómo lo hice. El dolor era casi insoportable”.
Los problemas gastrointestinales y frecuentes visitas al baño de Mitchell eran un inconveniente cuando salía con chicas, hacía recados… o casi cualquier ocasión. “Tenía que planear incluso las actividades más triviales”, dice. “Y sabía dónde estaban todas las gasolineras del país”.
Creía que había pillado alguna infección, pero su médico le dijo que sólo estaba relacionado con el estrés y le recetó Valium. Mitchell, una persona despreocupada, estaba bastante seguro de que ese no era el problema y no quería tomar medicamentos. Cuando el peso de este bombero de 1,93 metros de estatura disminuyó dramáticamente de 82 kilos a 71, por fin consultó con un gastroenterólogo. De inmediato sospechó que se trataba de la enfermedad celíaca, afección que se distingue por intolerancia al gluten. Una prueba sanguínea y una biopsia del intestino delgado confirmaron el diagnóstico. El tratamiento consistió en eliminar de la dieta todos los alimentos que contienen gluten, como el trigo, la cebada y el centeno. En cuestión de semanas, Mitchell notó una mejoría, pero pasaron más de dos años antes de que desaparecieran todos los síntomas.
Los problemas gastrointestinales aquejan millones de personas. Algunos son más graves que otros. Sin embargo, todos pueden ser dolorosos, inexplicables, vergonzosos y difíciles de diagnosticar y tratar. Entonces, ¿cómo puedes saber si el dolor de estómago es resultado de un agente patógeno, de excesos en la alimentación, de estrés, de una alergia o de alguna afección rara?
A todo el mundo le duele
“El dolor de estómago es parte de la vida”, afirma el doctor Douglas Drossman, codirector del Centro para Combatir Afecciones Gastrointestinales Funcionales y de Motilidad. “Si estudiáramos a un millón de personas, probablemente 800.000 tengan dolor de estómago en el transcurso de un año. Quizá 100.000 sufran de colon irritable, y 100 padezcan una enfermedad intestinal inflamatoria más grave”.
Un dolor abdominal es a menudo sólo un dolor abdominal. Sin embargo, si se ha prolongado durante seis meses, o la víctima ha experimentado síntomas graves, como sangre en las heces o pérdida de peso sin causa aparente, hay que consultar al médico. Existen más de 100 posibles causas para el dolor. He aquí cómo reconocer algunas de las más comunes:
El síndrome de colon irritable (SCI) es uno de los problemas más difíciles de diagnosticar y tratar. Te duele el vientre, sientes distensión y sufres de estreñimiento o diarrea (o ambos), pero las pruebas clínicas no muestran ningún problema. ¿Acaso todo está en la cabeza? No. Está en tus tripas, y no va a desaparecer tranquilamente. “A veces las pruebas eliminan otras posibilidades, pero cada vez más llegamos a un diagnóstico basándonos en la descripción que hace el paciente de sus síntomas”, dice el doctor Colin Howden, profesor de medicina en la división gastrointestinal de la Universidad Northwestern. A veces el SCI se inicia después de una enfermedad infecciosa, como la diarrea del viajero.
Una vez que tenga el diagnóstico, el médico quizá te sugiera cambios en tu régimen alimentario, como ingerir más fibra o tomar suplementos (el aumento de fibra debe hacerse de forma gradual, ya que el exceso puede provocar distensión, gases y diarrea). A algunas personas les resulta útil llevar un diario de los alimentos que consumen para averiguar cuáles producen los síntomas, y luego evitarlos. Los médicos tal vez receten también antibióticos (para reducir las bacterias en el tracto intestinal) o probióticos (para reforzar las bacterias sanas). Algunos médicos recetan Opobyl o Duphalac, que alivia el estreñimiento, como sustituto.
Enfermedad celíaca Esta afección, que no se diagnosticaba mucho hace unos años, ahora empieza a ganar notoriedad. Consiste en sensibilidad o alergia al gluten, grupo de proteínas que se encuentran principalmente en los granos, incluyendo el trigo, la cebada y el centeno. Algunas personas que la sufren también tienen problemas con la avena. Posiblemente provoque dolor abdominal, diarrea, distensión, pérdida de peso, anemia y una sensación vaga de malestar.
El intestino delgado sano tiene un revestimiento de vellosidades que absorben los nutrientes y fluidos. En la enfermedad celíaca, las vellosidades se destruyen o se dañan, de manera que el organismo no absorbe casi nada. Todo pasa rápidamente por el sistema digestivo, con los resultados desagradables mencionados anteriormente. Por desgracia, el gluten se encuentra por todas partes: en el cereal, la pasta, el pan, las galletas y los alimentos procesados. Evitarlo puede ser difícil, pero aparecen cada vez más productos sin gluten, y existen muchos libros de cocina para los que no lo toleran. Si crees que sufres la enfermedad celíaca, consulta a tu médico antes de eliminar estos alimentos. Las pruebas que determinen definitivamente el problema quizá resulten negativas si has dejado de consumirlo.
Enfermedad de Crohn Es una forma de enfermedad intestinal inflamatoria, grupo de afecciones en las que que el tracto gastrointestinal se encuentra crónicamente inflamado. Los síntomas de Crohn son similares a los del SCI, pero a diferencia del SCI, en el que no existen daños detectables en el sistema digestivo, Crohn provoca inflamación intestinal. Esto tal vez haga más estrecho el tramo final del intestino delgado, afirma el doctor Howden, de manera que se vea obligado a esforzarse más para hacer pasar los desechos, lo cual provoca dolor abdominal (sobre todo al comer), diarrea, vómito y pérdida de peso (tiendes a no comer tanto cuando te duele hacerlo).
¿Qué causa la enfermedad de Crohn? Los genes tal vez desempeñen un papel, o el origen quizá sea ambiental (algo en tu régimen, un microbio). Se diagnostica de muchas maneras: El médico tal vez palpe una masa en la cavidad abdominal, a lo mejor tus análisis sanguíneos sean anormales o quizá otras pruebas revelen deficiencias nutricionales o úlceras. Una endoscopía, radiografía o biopsia intestinal pueden confirmar el diagnóstico. Antes, el problema se trataba frecuentemente con esteroides, pero hoy muchos médicos prescriben medicamentos inmunosupresores o infusiones intravenosas, que producen menos efectos secundarios. Consumir más proteínas y evitar alimentos que puedan tardar mucho en descomponerse (incluyendo muchas frutas y verduras) puede ayudar a evitar el dolor.
El vínculo con el estrés
Pasas junto a un policía mientras conduces con exceso de velocidad o estás a punto de pronunciar un discurso o ir a una entrevista de trabajo. De pronto sientes unos retortijones en el vientre, la necesidad de correr al baño. ¿Qué pasa? Échale la culpa al sistema nervioso entérico (SNE). Es el “cerebro” de tus tripas y posee sus propios músculos, nervios y neurotransmisores, los cuales le dicen al intestino que mueva su contenido por el organismo. El SNE siempre se está comunicando con el cerebro, y le envía y recibe señales de él constantemente. Sin embargo, cuando estás estresado, se dispara una cantidad anormal de señales al mismo tiempo. Eso puede conducir al malestar.
El nervio vago, que corre del cerebro a los intestinos, también participa en esto. Existe una relación muy estrecha entre el cerebro y el intestino, así que no es sorprendente pensar que si el cerebro sufre demasiado estrés, lo mismo le pasa al intestino. Reducir el estrés por medio de la meditación, el ejercicio, la respiración profunda, el yoga o cualquier actividad que te dé resultados, quizá ayude a aliviar los síntomas.
¿Algo qué has comido?
Cada año, millones de personas se pasan el tiempo en el trono de porcelana debido a una intoxicación alimentaria. Pero, ¿cómo puedes saber si la cena de anoche es la causa de tu malestar? Las afecciones gastrointestinales tienden a empezar lentamente y a empeorar de manera gradual, pero la intoxicación alimentaria ataca entre 4 y 24 horas después de comer, y se presenta con un montón de síntomas: náuseas, vómitos, fiebre, dolor abdominal, diarrea. Si no puedes retener líquidos y tienes diarrea acuosa durante más de 12 a 24 horas, o las molestias son excesivas, consulta con un médico o vete a urgencias. Te aliviarán el dolor y te hidratarán.
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