El arte de la seducción
Algunas mujeres se lo saben de memoria pero otras necesitamos lecciones...
By Carrie Hutchinson
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...de cómo jugar al juego de la química sexual. La autora pidió algunos consejos y se encontró con más de lo que esperaba.
Escenario 1: “¿Estaba jugando con tu pelo?”, me preguntó mi amiga, un poco incrédula. “¿Qué piensas que significa eso?” Pensándolo bien, quizá fue un poco ingenuo —vale, completamente estúpido— no darse cuenta de que el contacto físico generalmente indica un deseo de acercamiento. Pensé simplemente que quería ser agradable.
Escenario 2: “Sois muy parecidos. ¿Cuánto tiempo lleváis juntos?” Estoy en un bar con un buen amigo y otros compañeros. Mi amigo se va a pedir algunas bebidas “No estamos juntos”, le digo. “¿De verdad?”, mi amiga dispara de nuevo. “No te creo”. Según ella emitimos todas las señales típicas de una pareja muy enamorada. La verdad es que a mí me gusta mucho, pero estoy segura de que él queda conmigo porque no tiene nada mejor que hacer.
Si has leído hasta aquí y asientes con empatía, tú —como yo— probablemente eres muy torpe con los hombres. Soy una soltera empedernida, aunque según mis amigos soy divertida, graciosa, inteligente y mona en el sentido de exuberante. No debería haber motivos para que no me persiguieran un surtido de jóvenes solteros.
Sin embargo, no consigo que me siga ni siquiera uno.
De pronto un día, mientras le doy un sorbo a mi café —sola de nuevo, naturalmente— veo un anuncio que me hace sonreír ampliamente y temblar de miedo al mismo tiempo. Se trata de un taller de citas de dos días llamado “Cómo conseguir a la persona que quieres”. Como capricho, decido apuntarme. Cuando le escribo un email a mi amiga Jo para contárselo, se ríe, pero a la vez me apoya. “Tu único problema”, escribe “es que transmites ondas de ‘cerrado por negocios’ con demasiada fuerza. No ves las luces de neón parpadeando que te envían los hombres y las señales que envías tú no son en absoluto lo suficientemente claras para ellos. Cuando sepas como dejar de emitir esas malas ondas, te lloverán las ofertas”.
No hay nada sexy ni coqueto en una sala de conferencias de un hotel iluminada con bombillas fluorescentes a las 8:45 de la mañana de un día frío en Melbourne. Especialmente cuando hay un grupo de hombres y mujeres hojeando un cuaderno de tapas rosas, evitando el contacto visual y con aspecto de estar completamente aterrados. El taller lo dirigen Katia Loisel-Furey, Paul Morris Segal e Inna Segal, expertos en el amor, el lenguaje corporal y el cuidado del cuerpo. Katia es pequeña, atractiva, dinámica y siempre tiene preparada una sonrisa y una palabra amable. En su día, tampoco ella tenía con quien bailar. Si ella se ha convertido en una ligona con éxito, asegura, cualquiera puede hacerlo.
Si no tienes problemas para conectar con el sexo opuesto, la mayor parte de los consejos de Katia son de sentido común: abre tu cuerpo (no cruces ni brazos ni piernas), sonríe mucho, establece contacto visual (pero recuerda que mirar fijamente puede resultar un poco molesto) y, cuando quieras acelerar las cosas un poco, un toque en el brazo no es ir demasiado lejos. Ahora dime algo que no sepa, pienso. Y entonces añade algunos elementos extra: asegúrate de que estás en la zona de flirteo (a no más de 1,5 metros de tu objetivo); cuando establezcas el contacto visual y sonrías, piensa, Eres estupendo y tengo que hablar contigo; mira para otro lado durante 20 segundos y vuelve a mirarlo.
Por supuesto, todo esto es fantástico en teoría, pero ponerlo en práctica puede ser agotador, así que practicamos primero en parejas y luego en grupos. Katia nos graba y nos muestra lo que hacemos mal. “Parece que tienes ganas de salir corriendo”, me dice. Es verdad, no porque mi “objetivo” no fuera un tipo agradable sino porque es tan terriblemente tímido que apenas pude extraer un monosílabo de él.
Segundo día. Tenemos que venir vestidos para una primera cita y ponernos delante del grupo para que nos evalúen. He dado en el blanco. “Buen escote”, dice Katia, “pero sutil, un poco escondido tras un pañuelo”. “Pareces muy cómoda”, dice otra mujer. “Estás estupenda”, dice uno de los hombres. Pero no todo el mundo sale tan bien parado, especialmente cuando entra un asesor de moda. El primer consejo es que incluso cuando vayas a hacer algo informal —como ir al cine o dar un paseo— debes hacer un esfuerzo. Si vas demasiado informal, tu cita puede pensar que no estás muy interesado/a.
Durante un descanso, Katia me lleva aparte para hablar sobre mi Ligue nº 1. “Te acercas con demasiada confianza”, me dice. “Deberías intentar parecer un poco más vulnerable”. Me dice que sea amable con mi Ligue: somos buenos amigos y sería una pena estropearlo con una declaración borracha y cómica.
Pocos días después, intento poner en práctica algunos de sus consejos con él. El “inclinarse y susurrar” (a lo que él responde), el “ligero toque” (no se echa hacia atrás ni se aleja) y el punto decisivo: “contacto visual, mirarle a los labios, volver la mirada hacia arriba, hacia sus ojos”. En ese punto, lo pierdo. Al ver que las copas de cerveza están vacías, va a rellenarlas. Sé que entre un chico y su copa, hay poco sitio para nada más, pero estoy segura de que si hubiera un átomo de interés, se habría resistido a la llamada de la copa, aunque fuera durante un minuto.
Quizás es algo lento, pero me temo que estamos destinados a ser simplemente amigos. Mis sospechas parecen acertadas un par de semanas después cuando, tras esperarme en la puerta de casa porque yo no había llegado, le sugiero que se quede con una copia de las llaves para que “las use cuando quiera”. “Vale”, dice y se las guarda en el bolsillo. “Aunque deberíamos idear un sistema para que no me des un susto de muerte en mitad de la noche”, le provoco, guiñándole el ojo descaradamente. “Me estaré quietecito”, responde.
Cuando le repito esta conversación a una amiga, responde optimista: “Ya sabes, creo que no se entera de nada”. Inmediatamente decido que dos personas incapacitadas para el romanticismo en una relación es demasiado.
A pesar de ello, sigo considerando el taller útil; la lección más valiosa que he aprendido es que si no eres una coqueta innata, debes practicar con cualquiera: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, atractivos y menos atractivos. ¡Y funciona! En los meses siguientes sonreí y empleé todo mi encanto con todo el mundo, haciendo que fuera más fácil cuando me encontraba a Alguien Especial en potencia.
¿Es necesario gastarse 500 euros para dar con la solución? Yo lo hice, pero si ya sabes pestañear de forma coqueta y sabes hacer un gesto con los labios de forma seductora, simplemente te tienes que concentrar en afinar el juego. Para las dos parejas que salieron del taller, fue un dinero bien invertido. Pero para la posibilidad de ligar fuera del curso, tenemos el libro de la organizadora “Cómo conseguir al hombre que quieres/Cómo conseguir a la mujer que quieres”, que ofrece los mismos consejos pero sin el respaldo personal.
El hombre de mis sueños todavía está por ahí en alguna parte, pero mientras tanto, disfruto de buenas conversaciones con desconocidos en un pub, en las fiestas y en el videoclub. Todo lo que tengo que hacer es acordarme de sonreír y decir hola.
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1 Comentarios |
| verus-k on 20 Agosto 2010 ,16:02 geniallllllll!!!!!!!!!!!! si que aveces necesitamos una ayudita con esos rollos del ligue |
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