El delator de Ana Frank
El delator de Ana Frank, la verdadera identidad del responsable de su captura.

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Ana Frank relató su vida mientras se mantenía oculta de la Gestapo en un aposento secreto. Sabemos que murió en el campo de concentración de Bergen-Belsen, pero la identidad de su delator sólo se ha conocido recientemente.
La mañana del 4 de agosto de 1944 se recibió una llamada anónima en la sede de la Gestapo en Amsterdam, ocupada por los nazis. El que llamaba dijo que unos judíos se escondían en un anexo secreto en Prinsengracht 263, junto al canal. Horas después, los oficiales de la Gestapo y los nazis holandeses allanaban la casa. Allí, detrás de una librería, estaba la entrada a las habitaciones en las que la familia Frank había vivido oculta durante 25 meses.
Los ocupantes del recinto, la familia Frank, Fritz Pfeffer y Hermann, Peter y Auguste van Pel, primero fueron encarcelados en Weteringschans y semanas después fueron deportados al campo de concentración de Auschwitz. Lo irónico es que su tren fue el último que partió de Holanda llevando judíos hacia ese campo de muerte.
La hija de Otto y Edith Frank, Ana, de 15 años, había llevado un meticuloso diario de los dos años que ella y su familia permanecieron en su escondite. Ana no sobrevivió a la guerra, pero el relato de su vida en la Europa nazi se convirtió en testimonio permanente de los horrores del Holocausto.
Después de la publicación de El diario de una joven, en 1947, se especuló sobre la identidad del delator de los Frank. La policía holandesa fue la primera en inspeccionar la casa allanada en Prinsengracht 263. Iniciaron una investigación en enero de 1948, y en esos días, el principal sospechoso era Wilhelm van Maaren, administrador del almacén que estaba debajo del escondite de los Frank, y quien, en varias ocasiones, preguntó por el anexo a sus compañeros de trabajo. Durante las entrevistas policíacas sobre su papel en el caso, Van Maaren negó haber delatado a los Frank, y obtuvo una exoneración condicional.
Otra sospechosa interrogada fue Lena Hartog, limpiadora del almacén y esposa del asistente de Van Maaren. Hartog le había confiado a otra mujer su creencia de que había judíos ocultos en el edificio, y que le preocupaba ser arrestada si no lo decía. Su testimonio fue evasivo, a pesar de lo cual la policía no volvió a interrogarla. Sin obtener resultados, la investigación se cerró cuatro meses después.
El cazador de nazis
La pista se enfrió hasta la década de 1960, cuando el cazador de nazis Simon Wiesenthal investigó por su cuenta la delación de los Frank. En 1963, rastreó al oficial que había supervisado el arresto de los Frank, Karl Josef Silberbauer, que vivía en Viena. Al ser interrogado, el antiguo miembro de la Gestapo admitió que la rapidez con la que se actuó sugería que la llamada provenía de un informante nazi fiable, pero negaba haber hablado con él. Negó también que Van Maaren hubiera sido el delator, como afirmaban la policía y la revista holandesa Revue.
La pista se enfrió hasta la década de 1960, cuando el cazador de nazis Simon Wiesenthal investigó por su cuenta la delación de los Frank. En 1963, rastreó al oficial que había supervisado el arresto de los Frank, Karl Josef Silberbauer, que vivía en Viena. Al ser interrogado, el antiguo miembro de la Gestapo admitió que la rapidez con la que se actuó sugería que la llamada provenía de un informante nazi fiable, pero negaba haber hablado con él. Negó también que Van Maaren hubiera sido el delator, como afirmaban la policía y la revista holandesa Revue.
Wiesenthal abandonó su investigación, pero la intensa especulación prosigió durante décadas. En 1998, en una biografía de Ana, se afirmaba que seguramente la culpable era Lena Hartog, quien siguió proclamando su inocencia hasta su muerte, y nunca se confirmó la sospecha. Van Maaren también murió negando cualquier responsabilidad. El misterio parecía irresoluble.
Finalmente, en 2002, la persistencia de un investigador logró una confesión sorprendente, no del delator, sino de su familia.
Según este investigador, el delator de Ana Frank era alguien conocido del padre de Ana, Otto. Su nombre era Tonny (Anton) Ahlers. En abril de 1941, éste irrumpió en la vida de los Frank al presentarse en la oficina de Otto con una carta enviada al NSB, el partido nazi holandés, en la que acusaban a Frank de ser antinazi. Ahlers aceptó mantener en secreto la carta a cambio de dinero, aunque Frank siempre rechazó toda insinuación de que había sido chantajeado.
Ahlers era un antisemita agresivo e inestable, simpatizante de los invasores alemanes. Se sabe que denunció a judíos y a miembros de la Resistencia holandesa. Antes de la guerra, ya era miembro del NSB y había sido arrestado por participar en violentos disturbios antisemitas.
El 5 de julio de 1942 se ordenó la deportación a Alemania de Margot, la hija mayor de los Frank. Al día siguiente, la familia se ocultó. El anexo situado en la parte posterior de la oficina de Otto Frank estaba preparado para una eventualidad así. Apenas unas semanas antes Ana había cumplido 13 años. Al mismo tiempo que los Frank desaparecían en su escondite, Ahlers prosperaba. Era estimado por los alemanes y esperaba una vida cómoda una vez que Alemania ganara la guerra. Pero para el verano de 1944, todo había cambiado: tenía problemas con sus negocios, estaba muy endeudado y sus amigos nazis le daban la espalda. Le urgía dinero y recuperar su crédito ante la Gestapo, la que anteriormente le había protegido contra sus muchos enemigos.
La Traición
Alemania ofrecía una recompensa de 40 florines por la denuncia de cada judío. Junto con la familia Frank, había otros cuatro judíos escondidos en Prinsengracht 263, lo que, para Ahlers, significaba que el anexo secreto valía en total 320 florines, mucho dinero para un hombre en aprietos económicos. Ahlers afirmó después de la guerra que siempre supo dónde se ocultaban los Frank. Si así fue, mantuvo el secreto como una especie de póliza de seguro. El 4 de agosto telefoneó a la Gestapo y recibió el pago.
Alemania ofrecía una recompensa de 40 florines por la denuncia de cada judío. Junto con la familia Frank, había otros cuatro judíos escondidos en Prinsengracht 263, lo que, para Ahlers, significaba que el anexo secreto valía en total 320 florines, mucho dinero para un hombre en aprietos económicos. Ahlers afirmó después de la guerra que siempre supo dónde se ocultaban los Frank. Si así fue, mantuvo el secreto como una especie de póliza de seguro. El 4 de agosto telefoneó a la Gestapo y recibió el pago.
La delación de Ahlers llevó a la muerte a tres miembros de la familia Frank. Edith murió en Auschwitz en enero de 1945. Sus hijas adolescentes, Margot y Ana, sucumbieron de tifus al mismo tiempo en Bergen-Belsen, en marzo de 1945, unas semanas antes de que el campo fuera liberado. Otto logró sobrevivir a su cautiverio en Auschwitz, y después de la guerra regresó a Amsterdam.
El comportamiento de Otto Frank después de la guerra fue extraño: cuando Ahlers fue arrestado por colaboracionista en junio de 1945, escribió cartas en su favor pidiendo su liberación. Discutió con Wiesenthal y defendió tanto a Karl Silberbauer -aduciendo que había sido cortés y respetuoso durante su arresto- como a Wilhern van Maaren.
Wiesenthal estaba convencido de que Otto Frank sabía quién lo había denunciado, y dudaba de su endeble relato sobre su relación con Ahlers.
En 2002, una investigadora británica, Carol Ann Lee, publicó un libro en que afirmaba que Ahlers era el informante. Sus conclusiones fueron confirmadas inmediatamente por algunos miembros de la familia de Ahlers. Casper, hermano menor de Tonny, afirmó que, después de la guerra, Tonny le manifestó que se sentía muy orgulloso de haber entregado a la familia Frank, que lo había hecho por dinero y por lo que hubiera podido robar del anexo. Casper decía tener un candelabro que su hermano había robado a los Frank.
El testimonio de Casper fue confirmado por el hijo de Tonny, Anton, quien admitió que su padre estaba obsesionado por Otto Frank, del que hablaba incesantemente. Anton también creía que Ahlers sabía de ciertos tratos comerciales entre la compañía de pectina de Otto Frank y el ejército alemán durante la guerra. Dijo que Otto Frank había obtenido pequeñas ganancias al comerciar con los nazis, y Ahlers usó la información para chantajear a Frank. Según Anron, cada mes había depósitos de una fuente desconocida en la cuenta bancaria de Tonny Ahlers.
Esta idea resultó inverosímil para muchos. En un informe del Instituto Holandés de Documentación, de 2003, se criticó la teoría del chantaje, señalando que se basaba indirectamente en el jactancioso testimonio del mismo Ahlers. No se daban pruebas en contra, pero se concluía que Alhers podía haber engañado a su familia al decirles que él había delatado a los Frank. En fin, la identidad del informante seguía siendo una incógnita.
Tal vez Otto Frank supiera más de lo que dijo sobre su denunciante. Pero cualquiera que fuera su motivo para guardar silencio, le importaba más proteger la obra de su hija que remover el pasado. El libro se convirtió en un éxito internacional de librería, en parte debido a su conmovedora escritura, pero también porque, siendo una historia personal, reflejaba las millones de tragedias aisladas del genocidio nazi. Sus palabras siguen siendo vigentes.
El 19 de noviembre de 1942 escribió:
Los alemanes tocan a todas las puertas preguntando por judíos ... Por las tardes, cuando está oscuro, veo filas de gente buena e inocente acompañada de niños llorando, que camina y camina, intimidado y golpeada ya punto de caer: Nadie se salva: ancianos, bebés, mujeres embarazadas, enfermos, todos se unen a la marcha de la muerte.
Los alemanes tocan a todas las puertas preguntando por judíos ... Por las tardes, cuando está oscuro, veo filas de gente buena e inocente acompañada de niños llorando, que camina y camina, intimidado y golpeada ya punto de caer: Nadie se salva: ancianos, bebés, mujeres embarazadas, enfermos, todos se unen a la marcha de la muerte.
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1 Comentarios |
| Marco Villavicencio S. on 04 Marzo 2011 ,01:48 Gracias por complementar con este artículo, al diario de Ana frank, que ya he leído hace algunos años atrás. |
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