Cuando vayas a un restaurante, selecciona los alimentos de manera inteligente y el precio que pagarás será el de la cuenta, no el de tu salud.
 
Luces tenues, música suave, meseros complacientes, apetitosos aromas…el negocio de los restaurantes consiste en hacerte sentir muy especial, pues cuanto más tiempo te quedes y más consumas, más dinero ganan. Es mejor que vayas prevenido.

La mejor manera de no permitir que la atmósfera acabe con tu propósito de comer bien es hacer pesquisas antes de salir de casa.
Busca en Internet los menús de las principales cadenas restauranteras y de algunos sitios más exclusivos; algunos incluso dan información nutrimental. Busca opciones que se ajusten a tu plan alimentario e identifica aquellas de las que prometerás alejarte.
Busca la “dieta especial”. Hoy en día, muchas personas tratan de buscar opciones saludables al comer fuera, y los restaurantes lo saben. La mayoría de los establecimientos tienen una lista de platillos saludables básicos en sus menús; las carnes se hornean o asan, y los vegetales se cocinan al vapor. Si realmente cuentas las calorías y los gramos de grasa, ve directo a esta sección del menú.
 
Nunca ahorres calorías. Si estás tentado a saltarte el desayuno o la comida para cenar más, resiste. Para cualquier persona com diabetes es importante comer las mismas cantidades más o menos a la misma hora todos los días, a fin de asegurar un nivel estable de azúcar. Y saltarse la comida antes de una cena podría resultar contraproducente: te será casi imposible decir no a esas piezas de pan que verás colocadas en el centro de la mesa.
 
Come un refrigerio saludable en casa. Si vas a comer una hora más tarde de lo usual, toma un tentempié una hora antes de hacer la reservación en el restaurante. Consume una pieza pequeña de fruta y 30 g de queso bajo en grasa, o un par de tallos de apio cubiertos de crema de cacahuate o almendra. Un bocadillo no sólo controlará tu apetito, sino que la sensación de haber comido evitará que tomes automaticamente el pan o las tortillas fritas que están en la mesa.
 
Antes de salir, prepara un postre. Prepara una tarta ligera de moras, una gelatina sin azúcar con fruta fresca o una manzana al horno espolvoreada con canela y sustituto de azúcar. Más tarde, cuando estés en el restaurante y te lleven el menú o el carrito de postres, recordarás que hay uno saludable esperándote en casa.
 
En el estacionamiento, masca un chicle. Así como cepillarse los dientes temprano por la noche evita que comas refrigerios muy tarde, mascar un chicle de menta justo antes de entrar al restaurante te ayudará a evitar refrescos azucarados y otras tentaciones antes de cenar. Deshazte discretamente de la goma de mascar después de que el mesero tome la orden; esto te dará al menos 15 minutos para que se vaya el sabor y el entremés que ordenaste sepa tan bien como esperas.

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