Los antidepresivos eran remedio común en el Siglo XIX, pero por su alto contenido de mercurio podían hacer cambiar de humor al paciente sin ton ni son. Los colaboradores de Lincoln veían esos cambios, pero nunca imaginaron que las píldoras fueran las culpables.

Hubo dos Abraham Lincoln: uno, el "Gran emancipador", estadista sin igual, compasivo, idealista, paciente, amable, sensato; el otro, años antes de ser presidente en 1861, triste, irascible, propenso a bruscos cambios de humor, con ataques de risa dernencial y conducta extravagante. Es casi seguro que Lincoln sufría de depresión clínica, y se habituó a sobrellevarla.

Esos accesos de desequilibrio mental eran la huella de una serie de sucesos trágicos ocurridos al principio de su vida. Él mismo escribió, siendo presidente: "Muchas veces he estado a punto de caer en el abrumador convencimiento de que no tengo a dónde ir." Pero su otra opción -visitar al farmacéutico- pudo haberlo acercado mucho más al precipicio.

Combatía su desesperación con píldoras contra la hipocondría -nombre que se daba a la paranoia y la melancolía en el siglo XVIII, a menudo atribuida a disfunción intestinal. Hoy, cuando la ciencia ha confirmado la toxicidad de esas píldoras, entendemos mejor los extraños arrebatos de Lincoln.

Mercurio y pétalos de rosa
John Todd Stuart, socio del abogado Lincoln en esos años precursores y primo de Mary, la esposa de éste, decía que fue él quien le sugirió a Lincoln probar las píldoras "Nube azul" para curar su melancolía. El fármaco era una mezcla de mercurio, raíz de orozuz, agua de rosas, miel y pétalos de rosa secos.

Después de la muerte de Lincoln, Stuart afirmó que éste había sido "un hombre desafortunado y desdichado" ... "el más perturbador retrato del desánimo que jamás vi". El abogado declaró que sin duda Lincoln empezó a tomar las píldoras "antes de irse a Washington y durante cinco meses ya siendo Presidente". Otro amigo de Lincoln confirmó que el Presidente tomaba esas píldoras.

El mercurio es una neurotoxina muy poderosa, y cada píldora contenía 65 mg de este elemento, dosis miles de veces mayor que la permitida actualmente. En estado metálico, tal vez el cuerpo no absorbe la mayor parte del mercurio, pero en un estudio reciente se demostró que en un mortero común -muy utilizado para triturar mezclas de pastillas- parte de ese elemento puede reducirse a partículas lo suficientemente finas como para que sea absorbible.

El doctor Robert G. Feldman, profesor de farmacología y neurología de la Universidad de Bastan, fue uno de los autores del estudio que en 200 I comprobó la toxicidad de las píldoras. Afirmó que: "Sin duda el envenenamiento con mercurio puede ser la explicación de los síntomas neurológicos de Lincoln: insomnio, temblores y I ataques de cólera".

Cólera espantosa

Según Henry Clay Whitney, colega de Lincoln en los juzgados, cuando él se enojaba era «imponente y majestuoso en su cólera". En 1858, durante un debate en el Congreso, estaba tan fuera de control que agarró a un ex asesor y lo sacudió hasta que le hizo castañetear los dientes. Aun así, Lincoln logró, entre otras cosas, convertirse en el décimo sexto presidente de Estados Unidos, dirigir la nación durante la Guerra Civil y, a pesar del elevado coste humano, ser reconocido como el líder más grande y humanitario de América.

Abraham Lincoln nació en el seno de una familia de pioneros, en 1809. Creció en la pobreza junto con su hermana mayor, Sarah. Uno de sus hermanos, Thomas, murió cuando Lincoln apenas tenía tres años. Cuando tenía nueve años, fallecieron su madre, Nancy, y un tío y una tía. Sarah murió de parto cuando Lincoln tenía 18. En 1835 murió su primera amada.

Incluso su matrimonio empezó infelizmente: Mary Todd rompió el compromiso el Año Nuevo de 1841, y Lincoln se sumió en tal depresión que sus amigos temían que pudiera suicidarse. Este fragmento de una carta de ese año da idea de su postración:
Soy  ahora el más miserable de los hombres. Si lo que siento se repartiera por igual a toda la humanidad, no habría un rostro alegre sobre la Tierra. Ignoro si voy a mejorar. Tengo el horrible presentimiento de que no. Me es imposible seguir así; debería morir o, mejor aún, desaparecer.

En esa ocasión, como en otras anteriores, Lincoln llamaba hipocondría a su afección. En otra carta escribió: "En los últimos días he estado haciendo la más vergonzosa exhibición de mí mismo como hipocondríaco". Mientras tanto, en sus inicios, la carrera política de Lincoln era una lista de fracasos, como la derrota de su nominación  para el Congreso, en 1843, y luego para vicepresidente, en 1856.

Norbert Hirschhorn, director del equipo de investigación de las píldoras de Lincoln, observó que nadie podría saber cuántas tomó ni cómo. Pero todos los que lo conocieron sabían de su confianza en los médicos. y no hay duda de que la receta favorita para la hipocondría eran esas píldoras. No se conserva una sola receta de Lincoln; no obstante, se encontró una nota en la que se ordenaba un pedido de píldoras, equivalente a seis cajas.

Lo que sabemos es que Lincoln decidió dejar de tomarlas al inicio de su mandato. John Todd Stuart recuerda que les dijo que "cruzaran los dedos". Pero sus problemas estaban lejos de terminar, y tal vez necesitaría más ayuda que nunca. De sus cuatro amados hijos, el segundo, Edward, murió en 1860, a los cuatro años; el tercero, William, a los doce, en 1862.
Durante esos años, más de medio millón de jóvenes estadounidenses morían en los campos de batalla de la Guerra Civil. El diario y las cartas de Lincoln sugieren que sentía una responsabilidad personal por la gran carnicería, aunque no veía otra forma de salvar la Unión.

Libre de las garras de las píldoras, mostró tal fuerza y tranquilidad que inspiró a sus allegados y los dirigió a la victoria. Fue en esos años de la Guerra Civil cuando se hizo famoso su carácter indomable. Se recuerda al presidente Lincoln como el espíritu de la paciencia, que supo infundir ánimos a los demás, mientras él sufría interiormente, eternamente, la tristeza de los grandes hombres.

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