Malas excusas
“El perro se comió los deberes mientras hacía senderismo”...
By Andy Simmons
Vaya, qué maravilla. No sólo tiene una aventura amorosa en Argentina cierto gobernador de Carolina del Sur, sino que su personal utiliza mi excusa. Ya no podré sacar a relucir la vieja defensa de que estaba haciendo una excursión por la Senda de los Apalaches y por eso estaba incomunicado. Ni siquiera me gusta hacer senderismo, pero sí me gusta una buena aventura amorosa en Argentina, y me encanta una buena excusa. A todos nos gustan: por eso las buscamos cuando nos sentimos atrapados. “Cualquier excusa es mejor que ninguna”, afirma John Rooney, profesor emérito de psicología en la Universidad La Salle, “porque si cuentas una buena historia y entretienes, a veces eso es más importante que la verdad”.
Estoy totalmente de acuerdo, como también lo está la mujer que detuvieron por incendiar el baño de un bar. Cuando un policía le preguntó por qué lo había hecho, contestó de forma inequívoca: “Me sentía estresada por la muerte de Michael Jackson”. Eso, sin duda, resulta más entretenido que “Estaba borracha”. ¿Y qué decir de la mujer polaca que insistió en que su hija adolescente había contraído un caso grave de embarazo después de nadar en la piscina de un hotel? ¿Te divirtió o pensaste: eso suena creíble? Si ha sido esto último, entonces te creerás estas excusas:
“La cebolla pone en peligro mi vida”
Peter Ivan Dunne esperaba a que lo procesaran en Irlanda, acusado de un delito sexual. Antes de que terminara el juicio, huyó a Inglaterra y lo condenaron en rebeldía. Cuando lo iban a extraditar, le explicó a un tribunal británico que no debían enviarlo de regreso porque su experiencia con el sistema penal irlandés lo había convencido de que violarían su derecho a la vida, como se especifica en el artículo 2 de la Convención Europea de Derechos Humanos.
La excusa: Le habían servido cebolla morada. Dunne es alérgico a ella, y estaba seguro de que en la cárcel lo obligarían a consumir esta verdura, que “potencialmente pondría en peligro su vida”.
¿Alguien se lo tragó? El tribunal decidió que era dudoso que la prisión adoptara una “actitud tan arrogante” hacia su alergia y envió a Dunne de vuelta a Irlanda.
“Mis manos están limpias, mi hígado, no tanto”
Cuando tengas duda, ¡échale la culpa al alcohol! A menos, por supuesto, que la excusa sólo empeore el asunto. El año pasado, un policía detuvo a Vito Fossella, entonces congresista por el estado de Nueva York, quien dio más del doble del límite legal en el control de alcoholemia. Después de la resaca, Fossella comprendió que tenía que pensar rápido.
La excusa: El nivel de alcohol en sangre era resultado del jabón antiséptico para las manos, a base de alcohol, que había utilizado.
¿Alguien se lo tragó? Después de varias miradas de “¿Por quién nos tomas?” de los policías, los fiscales y la prensa (prácticamente todo el mundo), Fossella se declaró culpable de conducir bajo los efectos del alcohol en lugar de conducir bajo los efectos del jabón antiséptico para las manos.
“¿No se puso un tanga? ¿No tomó su chocolate? ¡Ahora lo entiendo!”
Marco Fella, de Inglaterra, reconoció haber atacado a su novia con un juguete de perro y, en otra ocasión, haberle mordido el dedo. Pero no era su culpa.
La excusa: “Mi cliente perdió la cordura porque sintió que su pareja no se esforzaba lo suficiente en la relación”, alegó su abogado.
Aún peor: Llevaba grandes bragas en lugar del provocativo tanga que él prefería.
Todavía peor: Independientemente de que haya mordido y atacado a su novia con un juguete de perro, Fella no es violento.
En realidad: simplemente, no había satisfecho su necesidad de chocolate.
Fella es adicto al azúcar y consume diez tabletas de chocolate al día. Y si le entran ganas de comerse una, no es responsable de su conducta.
¿Alguien se lo tragó? Tal vez el fabricante de los chocolates, pero nadie más. Fella fue inscrito en un curso de control de la ira.
“Sufro el síndrome de demora para hacer la declaración”
Charles J. O’Byrne, el principal ayudante del gobernador de Nueva York, David Patterson, olvidó hacer su declaración de la renta durante cinco años. “Olvidó” en realidad no es la palabra correcta, afirma su abogado: O’Byrne no podía pagar los impuestos.
La excusa: Sufre de una condición médica llamada síndrome de demora para hacer la declaración de impuestos, causada por la depresión. Y aunque la depresión no le impidió ser un profesional sumamente competente ni llevar una vida social activa, parece que sí le afectó su capacidad para pagar los impuestos… durante cinco años consecutivos.
¿Alguien se lo tragó? La Asociación de Psiquiatría Norteamericana no. Un representante de la asociación declaró al New York Times que no reconoce el síndrome de demora para hacer la declaración de la renta como una situación psiquiátrica.
“Los decimales me confunden”
Un depósito de 1.772,50 dólares apareció en la cuenta de Randy y Melissa Pratt como 177.250. Ningún problema, pensó esta pareja estadounidense. Renunciaremos a nuestro trabajo, cerraremos la casa y nos mudaremos a la soleada Florida. ¡Adiós! Los bancos, desde luego, detestan perder tanto dinero, así que los denunciaron ante la policía. Sin embargo, la pareja juró que no eran ladrones y que todo había sido un error no intencionado.
La excusa: Su marido era instalador de tejados, dijo Melissa Pratt, así que recibían a menudo cheques cuantiosos. Y, como todos los cheques cuantiosos se parecen, no pusieron mucha atención porque, al fin y al cabo, ¿quién se fija en un cheque de 177.250 dólares (unos 130.000 euros)?
¿Alguien se lo tragó? ¿ Te lo tragarías tú? Melissa Pratt se declaró culpable de robo, y cuando este número estaba imprimiéndose Randy Pratt estaba esperando el juicio.
“Los desperdicios más selectos”
¿Despidieron a Ralph Reese de un supermercado de lujo de Nueva York como parte de un programa para reducir costes? El exclusivo negocio de alimentación no ha querido hacer declaraciones, pero asegura que echaron a Reese porque lo sorprendieron cuando robaba comida.
La excusa: ¿Se trataba de exclusivo marisco fresco? ¿Una caja de leche de arroz? ¿Un cargamento de queso de soja? No, la empresa despidió a Reese por tomar un sándwich de atún que iban a tirar a la basura.
¿Alguien se lo tragó? La abogada de Reese, Elizabeth Shollensberger, no. Sospecha que la empresa quería ahorrarse la nómina y los costes de la indemnización.
Reconoce que la empresa tiene una política que prohíbe a los empleados coger alimentos sin pagarlos, pero ¿un sándwich de atún que se iba a desechar?
“Es difícil creer que una persona razonable despediría a un empleado por eso”, afirma.
De hecho, un estudio del Urban Institute encontró que en estos tiempos de dificultades económicas, cada vez más empresas acusan a empleados de mala conducta para evitar pagar la indemnización, incluso a alguien como Reese, a quien nunca antes habían acusado de robar comida.
Sea como fuere, Reese recurrió con éxito para que le pagaran la indemnización.
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1 Comentarios |
| Armando Guerra on 03 Abril 2010 ,20:49 Estoy intentando conseguir el curso de Ingles "English in 20 minutes a Day", editado por esa Empresa. agradeceria informacion para adquirir el mencionado curso saludos |
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