En la primera edición de EI origen de las especies, publicada en 1859, Darwin no hace ninguna afirmación explícita sobre la evolución humana; se limita a decir que "despejará algunas incógnitas sobre el origen del hombre y su historia". El inquieto joven científico prefirió dejar que los lectores sacaran sus propias conclusiones. Y así fue.

Al escuchar la teoria, la esposa del obispo de Worcester exclamó: "Querido, ¡descender de los monos! Ojalá no sea verdad, pero si lo es, recemos para que nadie se entere." Pero, condenada desde los púlpitos de todo el país y satirizada en artículos y caricaturas de los periódicos, la teoria rápidamente se hizo famosa y terminó reduciéndose a la idea de que el hombre desciende del mono, interpretación errónea de la teoria de Darwin que aún persiste.

Darwin, después del escándalo y la controversia suscitados, debió de sentir el impulso de ir más lejos, pues en las siguientes ediciones la frase citada la convirtió en "despejará muchas incógnitas sobre el origen dei hombre..." Contrariamente a lo que el público victoriano, y el actual, haya entendido de la frase "descendiente de los simios", el hombre no desciende de los chimpancés ni de los gorilas. Lo que se sabe es que en algún momento del pasado compartimos con ellos un mismo ancestro primate. Parece no haber gran diferencia, pero lo cierto es que define nuestro saber de la evolución humana y nuestro lugar en la naturaleza. Frente a gorilas y chimpancés, no estamos viendo nuestro pasado primitivo, sino a nuestros primos contemporáneos.

Pero la falsedad que nos ocupa ha sido fomentada principalmente por la conocida ilustración "Evolución del hombre", inclui da en innumerables libros de texto y enciclopedias, que sugiere la evolución directa del mono en hombre, lo cual no ocurrió. La mayoria de los científicos podría rehacer hoy la ilustración y mostrar en ella gran diversidad de especies, de las que sólo una es el "ancestro común" del hombre y los simios actuales. De este pequeno grupo, un proceso de adaptación (una ruta adaptativa) conduce hasta nosotros, los homínidos. Los demás simios contemporáneos provienen de otro grupo.

Por lo anteriormente dicho, sería mejor desechar la ilustración citada, pues aún podría dar pauta a otras interpretaciones equivocadas. El avance mostrado en la "evolución" evoca cómo un niño aprende primero a "gatear" y luego a caminar. El Homo sapiens u hombre contemporáneo se yergue sobre sus pies, levantándose noblemente desde la posición agachada de su gruñón ancestro, el mono antropoide. Pero con los últimos hallazgos realizados en el registro fósil, aunados al nuevo recurso que constituye el análisis del ADN, el cuadro ha cambiado radical y definitivamente.

Qué pasõ en realidad
Los antepasados comunes de los hombres y los simios actuales aparecieron hace unos 35 millones de años, cuando la Tierra era realmente "el planeta de los simios". Docenas de especies de primates  - monos, simios y lemures- vivieron en las selvas de África y prosperaron durante millones de anos del periodo Mioceno.

Pero hace entre 10 y 5 millones de afios, la temperatura descendió y las selvas dieron paso a las sabanas. Se redujo el hábitat natural de los simios, que tuvieron que emigrar y dejar lo que quedó de selva a los ancestros de los monos actuales, cuya población creció rápidamente, pues estaban bien adaptados para vivir en los árboles y medrar sin la competencia de especies de simios más lentas y pesadas.

Expulsados de su hábitat selvático, muchos de los primitivos simios desaparecieron. Sólo sobrevivieron los que se adaptaron a su nuevo medio. La forma en que cambiaron se observa en los registros fósiles. Un cráneo desenterrado recientemente en Chad ofrece indicios de la fisonomía de nuestros ancestros prehistóricos. "Toumai''', como se llamó a este espécimen ("esperanza de vida" en el idioma local del desierto), se dató en siete millones de afios de antigüedad.

Hasta de los fósiles más fragmentados, el paleontólogo puede extraer mucha información sobre cómo vivían nuestros ancestros y, aún mejor, cómo se movían. Por la forma y posición de la unión entre el cráneo y la columna vertebral, por ejemplo, se puede establecer la postura de la criatura. Si la unión está en la parte posterior del cráneo, indica que caminaba a cuatro patas y necesitaba levantar la cabeza para otear hacia delante. Y si está en el frente, indica que su cráneo se asentaba sobre un torso vertical y que era bípedo.

Panorama del pasado
Se determinó que Toumai' era bípedo, lo que significa que nuestros ancestros ya caminaban totalmente erguidos hace siete millones de afios, mucho antes de lo que se sospechaba. Pero Toumai' concuerda com otros hallazgos. El desarrollo de los huesos de las piemas observado en ciertos australopitecos quizá exigió tanto tiempo que dejaron de parecer simios.
Se cree que el bipedalismo no fue una ventaja para todas las especies que lo adquirieron. El medio resultó ser el gran árbitro de los pros y los contras de caminar a dos pies.
 

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