Cabría suponer que el famoso conjunto prehistórico inglés ha permanecido inalterable desde hace miles de años. En realidad ha sufrido muchos cambios: sus piedras se han desplomado, realineado, restaurado y dañado intencionadamente.

Uno esperaría que Stonehenge se mantuviera en un aislamiento inhóspito y silencioso, un punto inalterable en los cambiantes anales de la historia. Lo cierto es que nunca se le ha dejado en paz, pues ha sido objeto de incesantes adiciones, reformas, daños y reconstrucciones. En el sigloXX fue restaurado tres veces. Se levantaron las piedras caídas, se enderezaron las ladeadas, y otras más se afianzaron con hormigón.

Algunos de los enormes dinteles que rematan las piedras verticales fueron colocados por una grúa de 60 toneladas, y no precisamente por un constructor de la Edad de Bronce.

Las fotografías de los trabajos de restauración, redescubiertas hace poco por Christopher Chippindale, historiador especializado en Stonehenge, desafían nuestra interpretación del monumento. ¿Es una edificación antigua o sería mejor decir que es una reconstrucción moderna?

Después de todo, la mayoría de sus 162 monolitos han cambiado de lugar, en especial en el último siglo. El Stonehenge actual no es nada parecido al que vieron las generaciones anteriores a la década de 1960.

Nadie sabe cómo debería verse el conjunto megalítico porque nunca fue un proyecto definido. A diferencia de las pirámides, ninguno de sus antiguos constructores tuvo en mente la obra terminada. Stonehenge es sinónimo de cambios incesantes.
Comenzó como un terraplén circular. Luego, hace 4.000 años, se formó una U con piedras de arenisca de Gales puestas verticalmente. Más tarde se retiraron éstas y se construyó el círculo de trilitos, compuestos por dos piedras verticales que sostienen otra horizontal. Siglos más tarde, se devolvieron las piedras de arenisca al círculo principal y se volvieron a colocar formando circunferencias, óvalos y herraduras.

Hace unos 3.000 años, Stonehenge fue destruido, quizá por la naturaleza, pero con mayor seguridad por la mano del hombre. Una de las piedras, la 55 según los especialistas, fue derribada en ese primer y más serio acto de vandalismo, se partió en dos y aún yace donde cayó. En la antigüedad, o en tiempos recientes, 31 de las grandes piedras rectangulares de arenisca y 29 de las más pequeñas, fueron saqueadas o removidas voluntariamente.

Repelente de sapos
El historiador y especialista en Stonehenge del siglo XVII, John Aubrey, se enteró de que se estaban llevando las piedras para hacer un puente. También escuchó que a los aldeanos les gustaba arrancar pedazos de las piedras para materias y luego poner el polvo en sus pozos para ahuyentar sapos.

Las piedras que permanecen han sufrido muchos daños. En enero de 1797, uno de los trilitos centrales se vino abajo después de un rápido deshielo. En 1900, como signo de mal agüero, poco antes del alba del siglo XX, un ventarrón impresionante derribó otro de los trilitos.

Los peores daños al monumento prehistórico en siglos recientes no fueron ocasionados por los habitantes locales ni por los agentes atmosféricos, sino por los turistas. El doctor William Stukeley, fascinado por Stonehenge, se quejaba, en 1740, de que los visitantes extraían fragmentos de las piedras. Esta recién adquirida costumbre prosiguió durante la era victoriana. Un visitante escribió que "el cincelado continuo rompía la soledad del lugar”. No todos los que usaban el martillo y el cincel buscaban objetos de recuerdo, algunos eran artistas del graffiti. En una de las piedras se cinceló el letrero “H. Bridger, 1866, Chichester”.

Chippindale comenta irónicamente que esto debió ocuparle todo el día al señor Bridger.En el siglo XX proseguió la barbarie. Para instalar un campamento militar construido en la planicie de Salisbury durante la Primera Guerra Mundial, se rellenó parte del “cursus”, antigua zanja de más de tres kilómetros que corre al norte del monumento. Se rumorea que durante ese periodo de planeó la posible demolición de Stonehenge, porque era un riesgo para los nuevos aviones de las Reales
Fuerzas Aéreas.

Pero los cambios más radicales no se deben a los vándalos, sino a los que han dedicado su vida a restaurarlo. En 1898, sir Edmund Antrobus heredó tierras de su tío, en las cuales estaba Stonehenge. El nuevo propietario pensó vender toda la estructura y enviarla a Estados Unidos, pero después de considerarlo mejor, encargó su renovación al profesor William Growland. Bajo la dirección de éste, se alineó una piedra, otras se apuntalaron, y se realizó un gran trabajo arqueológico. Growland también comenzó a anclar las piedras en cemento.

10
¿Te ha gustado este artículo?Vota

Más popular en Útil...

  1. Ponte las pilas y cuida el medio ambiente
  2. ¡Miedo al veterinario!
  3. Por qué las mascotas son buenas para los niños

Más Saber Vivir

Hacer un comentario

Nombre*
E-mail*
Comentario*

Favoritos de la semana

Recetas y Cocina

Calabacines rellenos al gratín

Alimentación saludable

Otros nombres del azúcar

Consejos Prácticos

Manzanas

Útil para tod@s

Cómo enseñar a los niños a cuidar su entorno

El especialista responde

40 maneras de mejorar tu salud en cinco minutos

Medicina Natural

Ajenjo

Se busca: ¡Una buena historia!

Escríbanos y podrá ganar:

90€ por cada historia verídica e inédita que sea publicada en ¡Qué cosas!.
60€ Por lo que se publique en GajesNiños o Comedia Estudiantil.
30€ por cada texto publicado en Risas.

Envíenos