Reinados efímeros
Accidentes y violencia decidieron a veces, el destino del trono inglés.

Historias relacionadas
Cuando los reyes y las reinas mueren, sus hijos no siempre heredan el trono. Desde tiempos medievales, la línea sucesoria inglesa ha tenido giros repentinos y desesperados.
Cuando niña, nunca se imaginó que sería reina. Su derecho al trono era casi inexistente hasta la sorprendente renuncia de su tío, el rey. Su padre se había convertido en monarca, pero su muerte a edad temprana, y la abdicación de su tío significaba que el linaje pasaría a los hijos de ella, quienes, en otras circunstancias, habrían sido miembros secundarios del clan real. Esto es lo que el futuro le deparaba a la nueva reina. Su nombre, Isabel; edad, 26 años; fecha, 1952.
La monarquía es, para muchos británicos, piedra angular de tradición y estabilidad. Para ellos, la historia del trono inglés es una majestuosa procesión de reyes y reinas, generación tras generación; de hecho, incluso en el siglo XX es posible forzar la renuncia de un rey poco idóneo, como Eduardo VIII. Además, en siglos anteriores, las exigencias eran mucho mayores, cuando los monarcas ostentaban poder absoluto, ya que no sólo reinaban, sino que también gobernaban. Entonces era muy importante, y muy tentador, deshacerse de reyes incompetentes. De ahí que Inglaterra viviera luchas violentas y sangrientas que decidían el derecho a la corona.
Tajes conflictos eran normales en tiempos de los anglosajones, En el siglo IX, Alfredo el Grande sucedió a su hermano, desheredando a su sobrino. En 1066, cuando Eduardo el Confesor murió sin hijos, fueron necesarias tres grandes batallas, Fulford Gate, Stamford Bridge y Hastings, para resolver la disputada sucesión a favor del normando Guillermo I, pariente lejano de Eduardo.
Incluso en tiempos más recientes, gobernantes extranjeros jugaron un papel importante en las decisiones sucesorias inglesas. En el siglo XVII el Parlamento inglés convenció al príncipe holandés Guillermo de Orange para que se rebelara contra su propio monarca y suegro, Jacobo II, quien fue forzado a abdicar y huir a Francia. Hasta la reina Victoria, hija de la princesa Victoria de Leiningen, era de origen extranjero; siempre habló inglés con acento alemán.
Luchas por el trono
Pero una línea de sucesión familiar fue más turbulenta que las demás: declararon guerras, utilizaron la adulación y urdieron un conjunto de intrigas para acercarse poco a poco al trono. Primos y hermanos, sin peso suficiente para reclamar la corona, propiciaron la creación y disolución de alianzas. Madres e hijas tramaron pasmosos planes para socavar las aspiraciones de otras ramas de la familia, a menudo con declaraciones tendenciosas de bastardía que inhabilitaran a los rivales en el ascenso al trono. Pero, sobre todo, los miembros de la familia se fueron matando entre sí hasta que quedaron tan pocos que la corona no tenía muchas opciones para elegir en qué cabeza descansaría. Esa familia fue la dinastía Plantagenet, y el conflicto, la Guerra de las Rosas.
Pero una línea de sucesión familiar fue más turbulenta que las demás: declararon guerras, utilizaron la adulación y urdieron un conjunto de intrigas para acercarse poco a poco al trono. Primos y hermanos, sin peso suficiente para reclamar la corona, propiciaron la creación y disolución de alianzas. Madres e hijas tramaron pasmosos planes para socavar las aspiraciones de otras ramas de la familia, a menudo con declaraciones tendenciosas de bastardía que inhabilitaran a los rivales en el ascenso al trono. Pero, sobre todo, los miembros de la familia se fueron matando entre sí hasta que quedaron tan pocos que la corona no tenía muchas opciones para elegir en qué cabeza descansaría. Esa familia fue la dinastía Plantagenet, y el conflicto, la Guerra de las Rosas.
El linaje real de los Plantagenet se remontaba a Enrique II, quien en 1154 sucedió a los invasores normandos. Los Plantagenet gobernaron hasta finales del siglo XV, aunque sus sucesores, los Tudor, eran descendientes de un galés cuya más alta posición en la corte, se cree, fue haber sido Custodio del Guardarropa de la Reina. ¿Cómo pudo ser usurpada de esa manera una dinastía real tan bien establecida?
Pleitos familiares
Los Plantagenet fueron, de muchas maneras, los autores de su propia perdición. La sucesión se enturbió en 1399, cuando Enrique Bolingbroke derrocó a su primo Ricardo II. Poco después de que el Parlamento reconociera a Bolingbroke como Enrique IV, Ricardo fue hallado muerto, y la rama dinástica de Enrique, los Lancaster, tomó el poder.
Los Plantagenet fueron, de muchas maneras, los autores de su propia perdición. La sucesión se enturbió en 1399, cuando Enrique Bolingbroke derrocó a su primo Ricardo II. Poco después de que el Parlamento reconociera a Bolingbroke como Enrique IV, Ricardo fue hallado muerto, y la rama dinástica de Enrique, los Lancaster, tomó el poder.
El hijo de Enrique IV, Enrique V, se convirtió en uno de los reyes guerreros favoritos de Inglaterra, pero cuando murió, a los 35 años, dejó en el trono a un bebé de nueve meses al que nunca conoció. Mientras el niño crecía rodeado de nobles poderosos, la casa de Lancaster se vio envuelta en un conflicto sucesorio con la antagónica casa de York.
En el curso de esta lucha fueron muertos dos reyes y tres herederos al trono. Entre 1455 y 1487, las 13 batallas entre los Lancaster y los York - más tarde representados por rosas rojas y blancas, respectivamente cobraron un alto precio a la nobleza, pues eliminaron un buen número de aspirantes al trono.
La situación no mejoró con el hecho de que Enrique VI sufriera ataques de locura hereditarios. Ante la exigencia rival de Ricardo, duque de York, la esposa del rey, Margarita de Anjou, tomó el poder. En 1453 el país se precipitó en una guerra civil cuando las fuerzas de los Anjou y las de los York entraron en conflicto. Ricardo fue muerto en Wakefield en 1460, pero su hijo de 18 años, Eduardo, venció a los Lancaster y fue coronado como Eduardo IV en 1461. Enrique fue capturado y confinado en la Torre de Londres, pero regresó al trono en 1470, gracias, sobre todo, a que el antiguo aliado incondicional de Eduardo, el aristócrata Warwick, "el creador de reyes", cambió de bando.
El segundo reinado de Enrique fue breve, pues lo asesinaron un año después, lo que permitió a Eduardo regresar al trono. Sin embargo, muere repentinamente a los 40 años, y a su hijo de 13, Eduardo V, se le asigna como "protector" a su tío Ricardo, duque de Gloucester. Éste declara bastardos al rey y a su hermano, y los encierra en la Torre de Londres, supuestamente por su propia seguridad. En 1483 desaparecen y Ricardo asciende al trono.
Lo violento del golpe de Ricardo III dividió a la facción de York y abrió la puerta a un contendiente inesperado: Enrique Tudor. Su madre, Margarita Beaufort, era bisnieta del hijo de Eduardo III, Juan de Gante; su abuelo era Owen Tudor, el galés encargado del guardarropa real que había estremecido a la sociedad al casarse con la viuda de Enrique V. En 1485, a la cabeza de un ejército francés y con la ayuda decisiva del tercer esposo de su madre, Tomás Stanley, Enrique Tudor venció y mató a Ricardo en la batalla de Bosworth. Convertido Enrique en rey y para consolidar su posición se casó con Isabel de York, uniendo las casas adversarias. Se iniciaba la dinastía Tudor. El último Plantagenet era Eduardo, conde de Warwick, quien pasó la mayor parte de su vida en prisión, pues Enrique VIl lo encarceló después de la batalla de Bosworth. Eduardo murió dentro de la tradición familiar: fue decapitado en 1499 por una supuesta conspiración.
Los Tudor serían recordados como un popular y típico linaje de monarcas ingleses, pero sólo florecieron cuando desapareció el amargo sabor dejado por los Plantagenet, y después de que se asentaron las sangrientas polvaredas de las batallas.
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