Una batalla que puedes ganar

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Sin embargo, un 17% de las españolas no acude a las revisiones.
A sus 36 años, Alma Sánchez* llevaba una vida normal. Estaba casada, era ama de casa y, en esa época, sus hijos tenían 15, 12 y 8 años. Se encargaba de cuidar a uno de ellos, quien padecía un problema neurológico. En mayo de 1997, mientras realizaba su acostumbrada autoexploración de pecho —su abuelo paterno había muerto de cáncer—, sintió una bolita en la mama derecha y decidió ir al ginecólogo. En esa primera cita, el médico le realizó una ecografía, una mamografía y una biopsia de punción para descartar un tumor maligno. El resultado fue negativo. Sin embargo, el especialista no estaba satisfecho con los resultados, por lo que sugirió una intervención para extirpar la bolita y realizar estudios patológicos. Como el resultado anterior había salido negativo, programó la operación para dos meses después.
Así, en julio de ese mismo año, Alma entró en el quirófano y, una semana después, le dieron el diagnóstico: tenía un carcinoma ductal in situ (CADIS).
Posteriormente le realizaron una mastectomía radical, y luego comenzó con la quimioterapia. En junio de 1998, su pecho quedó perfecto gracias a un implante de mama.
Los años siguientes fueron de exploraciones sin anomalías, hasta abril de 2006, cuando tuvo una recurrencia del mismo lado, entre el implante y la piel. Por segunda vez le quitaron tumores cancerosos, pero ya no pudieron dejarle el implante.
Hoy, a sus 50 años —con exámenes médicos cada tres meses—, ha logrado ganarle la batalla al cáncer.
“Ha sido un camino difícil, pero esto me enseñó a dedicar un poco de tiempo a mí misma. No descuido a mi hijo enfermo, pero hemos aprendido a compartir las tareas del hogar, y actualmente doy clases de yoga”, dice.
Alma forma parte del grupo de pacientes a las que se les identifica a tiempo este tipo de tumor, pues de acuerdo con el lema “Con más razones que nunca, apoya la detección precoz”, la Federación Española de Cáncer de Mama pretende llamar la atención de la población sobre este tipo de cáncer y lograr que las mujeres no dejen pasar sus citas de prevención.
Células anárquicas
Existen diferentes tipos de cáncer que afectan al género femenino. Según el Ministerio de Sanidad, entre las mujeres españolas el cáncer de mama es el más frecuente, situado en primer lugar de incidencia, seguido del de útero en tercer lugar.
De acuerdo con otros estudios epidemiológicos, a nivel mundial una mujer muere por cáncer cervicouterino cada dos minutos. En España, la tasa de fallecimientos por cáncer de mama es de 19,2 por cada 100.000 habitantes, la tasa más baja de los 27 países de la Unión Europea, según un estudio del Instituto de Salud Carlos III. Peores son las predicciones que resultan de la declaración del doctor Xavier Bosch, director ejecutivo del Centro de Información de la Organización Mundial de la Salud sobre el Virus del Papiloma Humano y Cáncer Cervicouterino, quien ha asegurado que, de seguir las tasas estimadas como se indicó en el estudio de 2002, para 2020 habrá un aumento del 41% de estos casos en América Latina y Caribe.
El cuerpo humano está formado por trillones de células, clasificadas en alrededor de 200 tipos diferentes. Éstas se combinan para cumplir una función determinada en nuestro organismo. Cuando proliferan sin control, se acumulan dentro de una masa de tejido conocida como neoplasia o tumor, el cual puede invadir y destruir el tejido vecino normal y diseminarse a través del cuerpo.
Aunque las células cancerosas surgen de las normales, no actúan como ellas; se convierten, por así decirlo, en células biológicamente anárquicas.
A pesar de que las mujeres pueden desarrollar diversos tipos de cáncer en otras partes del cuerpo, como el hígado o la sangre, los que más preocupan a los oncólogos son los relacionados con el aparato reproductor femenino: el cercivouterino (cuello y cuerpo de la matriz), el de mama, el de endometrio y el de ovario.
No es necesariamente hereditario
¿Qué hace que se desarrolle el cáncer? Los especialistas mencionan algunos factores de riesgo, que varían dependiendo del tipo de cáncer. El tabaco, una mala alimentación, antecedentes de cáncer en padres o abuelos, el estrés, la obesidad, el consumo de productos tóxicos o la exposición a sustancias contaminantes, aumentan las probabilidades de desarrollarlo. Pero esto no significa que una mujer que carezca de los tres primeros factores se libre de contraerlo. En otro estudio realizado por el Instituto Mexicano de Perinatología Doctor Isidro Espinosa de los Reyes —presentado en 2005 con motivo de un taller de cáncer de mama—, se demostró que entre el 75 y 80% de las pacientes a quienes se les diagnosticaba cáncer de mama no tenían antecedentes hereditarios. Esto los llevó a relacionarlo con los hábitos alimentarios y el estilo de vida. Este tipo de cáncer también tiene que ver con la edad, el embarazo y la menopausia. El 45,5% de los casos se presentan en mujeres menores de 50 años, e influyen factores como si tuvieron la primera menstruación antes de los 12 años o la menopausia después de los 52.
En cuanto al de ovario, la edad, los factores hormonales y reproductivos, la infertilidad, el uso de medicamentos para este trastorno, el inicio temprano de la menstruación o la menopausia tardía, la terapia estrogénica después de la menopausia, la obesidad y los quistes ováricos, pueden ser detonantes de su desarrollo.
El cáncer cervicouterino y la vida sexual
Los expertos han identificado diversos factores que aumentan el riesgo de padecer cáncer cervicouterino, y la mayoría de ellos están relacionados con la actividad sexual, aunque el tabaquismo también puede favorecer la presencia de éste. Llevar una vida sexual promiscua es un riesgo tan importante como haber tenido la primera relación sexual antes de los 18 años. De ser así, el riesgo es cinco veces mayor en comparación con quien la inició a los 23 años. Otros antecedentes importantes pueden ser el número de partos y de abortos.
Esta afección tiene en común la forma de reproducirse, de invadir y de provocar metástasis (diseminación de células malignas a zonas distantes), pero, fuera de eso, cada tipo de cáncer posee una forma diferente de inicio, comportamiento e incluso de tratamiento. Las medidas de prevención y detección también son distintas.
Una tarea de equipo
La mayoría de las personas relacionan la palabra cáncer con muerte. Por eso, al saber que lo padecen, su primera reacción es preguntar cuánto tiempo les queda de vida. Aunado a esto, en muchos lugares se ha tenido que luchar contra la desinformación y una serie de tabúes. A pesar de que ha habido un cambio cultural importante y las mujeres ya aceptan que les realicen los exámenes de Papanicolau y de mama, aún hay que continuar con los esfuerzos para la detección oportuna.
El doctor Santos Regino Uscanga Sánchez, director de la Unidad Médica de Detección y Atención Médica de Cáncer Ginecológico del grupo Magni Gineco-Obstetras, S.C., asegura que “es importante que la mujer asuma el compromiso de integrarse a un equipo donde su papel más importante sea el de la autoexploración, así como acudir oportunamente a los servicios de salud e identificar los síntomas que se pueden relacionar con un problema serio”.
Por otro lado, como las mujeres se convierten en el pilar de la vida familiar y, con ello, se vuelven responsables del cuidado de la salud de los demás miembros, siempre se ponen al final de la lista. El conflicto de una exploración física y los prejuicios de la pareja tampoco han permitido un avance en este sentido. A esto hay que añadir el largo peregrinaje por algunas instituciones de salud que no tienen la sensibilidad para tratar a los pacientes y a sus familiares.
El cáncer de ovario: uno de los más difíciles de detectar
Los métodos de prevención y de detección temprana funcionan bien para los tipos de cáncer que mencionamos al principio. Sin embargo, en la lucha contra el de ovario nos topamos con un camino difícil, ya que es uno de los más complicados para detectarlo en sus etapas iniciales (se puede confundir con gastritis, colitis u otros problemas).
La bióloga Esther García* comenzó con fuertes dolores menstruales cuando tenía 18 años. Acudió al ginecólogo y éste le dijo que eran normales hasta que iniciara su vida sexual. Aunque se realizó diversas ecografías, no lograron detectar ninguna anormalidad. Fue a los 25 años —cuando se casó—, durante una revisión ginecológica, cuando el médico se percató de que algo andaba mal. Meses después, cuando empezó a perder peso y presentó inflamación en el abdomen, decidieron hacerle otra ecografía; al encontrar anormalidades, le sugirieron una miomectomía (pequeña cirugía para extirpar los fibromas uterinos que le habían detectado). Durante la intervención se dieron cuenta de que tenía un tumor de ovario y líquido de ascitis, característico de este tipo de cáncer. A petición de su marido únicamente le quitaron el ovario afectado y le dieron la opción de decidir qué quería hacer.
Esa vez le dieron nueve ciclos de quimioterapia, y en septiembre de 2001 se sometió a otra cirugía donde le quitaron la matriz y el otro ovario. Después de 10 años y el tratamiento de quimioterapia, Esther se encuentra en remisión y continúa con su vida normal. “Mi marido fue un gran apoyo, ya que llevábamos menos de un año casados. Tuvimos que optar por otra forma de tener hijos, a través de la adopción, y hoy mi hijo ya está en preescolar”, señala.
Una nueva esperanza contra el cáncer
De acuerdo con el tipo de cáncer, existen medidas de prevención o de detección oportuna. En el caso del cáncer de mama, los métodos preventivos son llevar una dieta rica en frutas, verduras y fibra, y hacer ejercicio. También es necesario aprender a realizarse una autoexploración, pues no es recomendable que las mujeres jóvenes se hagan una mamografía (en diversas instituciones de salud y en algunas fundaciones, se les muestra un video de cómo hacerla). Después de los 40 años es recomendable hacerse la mamografía anualmente, ya que el cáncer de mama se presenta en un 85% de mujeres de esa edad. Las visitas al ginecólogo deben ser por lo menos una vez al año, a partir de los 18.
En el caso del cáncer cervicouterino, la prueba de Papanicolau es eficaz. Se recomienda realizarla cada año, pero si en una prueba anterior se detectaron trastornos celulares, será necesario llevarla a cabo cada seis meses, o según lo indique el especialista.
Hace menos de tres años se logró obtener la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), la cual ha despertado un gran interés, aunque todavía hay controversia en torno a ciertos aspectos de ella. En España, todas las comunidades autónomas prevén la vacunación de las niñas entre los 13 y los 15 años, y las autoridades médicas señalan que debería aplicarse antes de la primera relación sexual. El doctor Gelasio Zarco Espinosa, jefe del Área de Tumor de Mama del Centro Médico Siglo XXI, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), señala que es difícil medir en este momento cuál es el impacto de la vacuna, ya que éste no se observa a corto, sino a largo plazo. Y que hay que considerar que protege contra las cepas de más alto impacto, pero no cubre las otras causas de este tipo de cáncer no relacionadas con el virus del papiloma humano.
“Dicho virus pertenece a una familia que abarca más de 55 tipos distintos, y hay algunas cepas que son más virulentas que otras. Particularmente, los tipos 16 y 18 se han asociado con la formación o predisposición de las alteraciones que conducen al cáncer. La vacuna está hecha con cepas de estos virus, y protege contra las cinco o siete cepas más importantes relacionadas con el cáncer cervicouterino”, explica Zarco Espinosa.
En cuanto al cáncer de ovario, aunque no es el más común, es el más temido por su alto índice de mortalidad. En sus primeras etapas produce muy pocos o ningún síntoma, y cuando éstos se presentan pueden confundirse con otras enfermedades. Además, no existe una prueba efectiva para hacer una detección oportuna. En más del 70% de los casos, la enfermedad ya se ha extendido más allá de los ovarios en el momento de ser diagnosticada.
“La prueba de sangre llamada CA-125 es uno de los marcadores tumorales que se utiliza como parte de un protocolo de diagnóstico que debe incluir tomografía, ecografía, exploración física, vaginal y genital, para detectar este tipo de cáncer”, comenta el doctor Zarco.
La mayoría de los síntomas están relacionados con la presión abdominal o pélvica. En caso de indigestión persistente, gases o náuseas, sensación de plenitud incluso después de una comida ligera, cambios inexplicables en los hábitos intestinales que incluyen diarrea o estreñimiento, pérdida o aumento inexplicable de peso (sobre todo en la zona abdominal), y dolor durante las relaciones sexuales, es necesario visitar al médico.
De hecho, es muy común que a una mujer con este tipo de cáncer se le diagnostique otra enfermedad antes de encontrar la verdadera causa.
Si las mujeres entienden que la prevención y la detección son las formas óptimas para luchar —sin tampoco caer en una psicosis de la enfermedad—, entonces podrán ganar la batalla contra el cáncer.
* Se han cambiado los nombres para proteger su identidad.
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