
La combinación perfecta
entre esta deliciosa fruta
de temporada y una dulce
cobertura crujiente
Mercedes Domínguez
La cereza tiene una estacionalidad muy corta —entre primeros de mayo y mediados de julio— y como es un fruto no climatérico (que no madura después de ser cosechado), su recolección debe llevarse a cabo en un breve periodo de tiempo si se quiere disfrutar de ella al natural. La utilización en repostería es muy habitual gracias a su exquisito sabor y propiedades nutricionales.
Este fruto aporta numerosos beneficios saludables gracias a su poder antiinflamatorio y antioxidante y, en este caso, se combina con el crumble, un postre británico que consiste básicamente en extender una especie de masa de galleta sobre una base de fruta. La mezcla se prepara con una parte de mantequilla, otra de azúcar y dos de harina. Al hornearse, la cobertura tostada contrasta con la frescura de la fruta y se consigue un sabor irresistible.
La receta surgió de la necesidad de aprovechar los escasos alimentos existentes durante los periodos bélicos de la primera mitad del siglo XX, ya que el clásico pie británico requería más cantidad de ingredientes que el crumble, por eso esta original deconstrucción fue ganando adeptos. En origen se elaboraba con manzana, y así consta en la primera receta que Marguerite Patten publicó en Wartime Cookery Book. Durante la Segunda Guerra Mundial se popularizó no solo en el Reino Unido, sino también en Norteamérica y en muchos países europeos.
La elaboración del crumble ha ido evolucionando: se han añadido ingredientes (frutos secos, avena, vainilla, jengibre, canela y chocolate) o bases (de bizcocho, masas pasteleras, tartas). También se han diversificado las frutas utilizadas: melocotones, ciruelas, fresas, arándanos o cerezas. Estas pueden macerarse y utilizarse en crudo, o cocerse ligeramente (con azúcar, esencia de vainilla, zumo de limón, etc.) para que adquieran textura y sabor. Es una receta ideal para aprovechar las frutas maduras. Incluso hay versiones saladas con verduras, carne y queso.
Ingredientes
Tiempo: 45 minutos ; 4 raciones
- 500 g de cerezas
- 50 g de azúcar glas
- Zumo de ½ naranja o limón
- 1 cucharada de maicena
(disuelta en un poco de agua) - 50 ml de licor (opcional)
- 125 g de azúcar moreno
- 250 g de harina de trigo
- 50 g de almendra molida
(opcional: si se utiliza, restar la misma cantidad de harina) - 125 g de mantequilla fría
- 1 cucharada de azúcar para espolvorear
- 1 cucharadita de vainilla
- 1 pizca de sal

Preparación
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- Lavar las cerezas, escurrir y deshuesar.
- Trocear y echarlas en un bol junto con el azúcar, la maicena, el zumo de naranja o de limón y el licor, si se desea. Dejar macerando la fruta mientras se prepara el crumble. Si las cerezas no están maduras, es conveniente cocerlas a fuego lento durante unos minutos junto con los mismos ingredientes para conseguir una textura de compota.
- Mezclar los sólidos para preparar la masa: la harina, el azúcar moreno, la almendra molida (si se va a utilizar) y la pizca de sal.
- Agregar a esa mezcla la mantequilla muy fría, cortada en trocitos, y la vainilla. Amasar con los dedos hasta integrar todo por completo (la textura debe ser similar a la de arena mojada).
- Verter las cerezas en un molde apto para horno y cubrir con la masa preparada. Si se desea, se puede añadir una cucharada de azúcar por encima.
- Hornear unos 30 minutos a 180 ºC (hasta que la superficie esté dorada).
- Se puede consumir recién hecho o a temperatura ambiente y acompañar con nata montada, helado, frosting de queso o yogur. También se puede poner una base de bizcocho de tarta de queso.
Imágenes de: VolumeThings y Anna Puzatykh de Adobe Stock






