Diferentes texturas con un sabor sorprendente y delicioso para compartir al aire libre o en el restaurante más selecto
Mercedes Domínguez

Los moules-frites o mosselen met frieten son considerados plato nacional de Bélgica, pero también son muy populares en Francia y en los Países Bajos. Suelen acompañarse con cerveza rubia —si es belga, mejor—, aunque hay quienes prefieren un vino blanco para maridar. Los mejillones, cocinados al vapor con diferentes ingredientes, se sirven en cazuela y en la tapa se dejan las conchas vacías, mientras que las patatas fritas se aderezan con una mayonesa al estilo belga.
Cabe destacar que Bélgica es el mayor consumidor de patatas fritas per cápita y tiene hasta un museo propio dedicado a ellas: el “Friet Museum”.
En general, el mejillón más consumido es el de la especie común mytilus edulis —llamado “de roca” en España o “de concha azul” en Francia—, pero en Bélgica prefieren la variedad Zelanda, capturada en aguas neerlandesas (en el estuario de Oosterschelde y en el mar de Frisia), porque es más grande que la francesa y menos salada que la del Mediterráneo.
La combinación con patatas fritas se popularizó entre los pescadores de las costas belgas y francesas en el siglo xix. Su origen se lo atribuyen distintas regiones, desde Brest hasta La Haya, pero parece que se sirvieron por primera vez en la feria de Lieja en 1875. Su éxito real comenzó cuando los grandes restaurantes belgas empezaron a ofrecerlo en sus menús, sobre todo durante la década de 1920. La Exposición Universal de 1958 de Bruselas consolidó su identidad belga, aunque en Francia también son muy populares.
Entre los restaurantes más exquisitos del país que ofrecen este plato destaca el legendario Chez Léon, fundado en 1893 por Léon Vanlancker, a los pies de la Grand Place. Otros de los más célebres son Friture René, abierto desde 1932, que aún mantiene los manteles a cuadros, y Au Vieux Bruxelles, con más de 120 años de existencia.

Ingredientes
Tiempo: 40 minutos ; 4 raciones
- 2 kg de mejillones
- ½ kg de patatas
- 300 g de puerros o de chalotas
- 150 g de apio
- 200 ml de vino blanco seco
- 80 g de mantequilla
- 200 ml de nata para cocinar
- Aceite para freír las patatas
- Mayonesa (la belga incorpora mostaza)
- Sal y pimienta
Preparación
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- Elegir mejillones frescos y con conchas completas (desechar las que estén rotas o abiertas).
- Limpiarlos bien antes de cocinar: retirar el biso (las barbas) y los restos calcáreos. Sumergirlos en agua fría y enjuagar varias veces.
- Picar el apio y los puerros (o las chalotas) y echarlos en una cacerola grande, donde se habrá fundido previamente la mantequilla. Sofreír la verdura unos minutos.
- Agregar luego el vino blanco y llevar a ebullición unos minutos para que se evapore.
- A continuación, bajar el fuego y echar la nata líquida para cocer unos minutos.
- Por último, añadir los mejillones limpios, sal y pimienta al gusto. Tapar y dejar al fuego hasta que se abran las conchas. Remover y reservar con la tapa puesta hasta que estén fritas las patatas para servir todo junto.
- Pelar las patatas y cortarlas en bastones gruesos, dejándolas en remojo en agua fría para que suelten todo el almidón. Después, secar y freír primero en aceite a 160º. Sacar, escurrir y volver a freír unos minutos después a 180º para que estén más crujientes.
- Servir los mejillones en la misma cazuela o en una fuente honda para incorporar la salsa. En otro recipiente, al lado, poner las patatas fritas con mayonesa o la salsa que se prefiera.
Fotografías: Jaroo y Vilius (Adobe Stock)






