No solo Papá Noel trae magia
en estas fiestas. Como verás,
sus ayudantes hacen su parte
Natalia Alonso

Una postal y una sonrisa
La Navidad llega a Astorga, en León, con la interacción entre las generaciones más jóvenes y las mayores.
Las cinco residencias de personas mayores de la ciudad leonesa de Astorga, de 10.000 habitantes, reciben la Navidad de la mano de los niños y jóvenes del colegio Paula Montal de la localidad.
Gracias a la iniciativa del departamento de Pastoral del colegio, y de la mano de su coordinador, Francisco Jimeno, los alumnos de infantil, primaria y secundaria crean, por tercer año consecutivo, lazos con los mayores del pueblo en forma de postal navideña que ellos mismos les entregan.
La iniciativa, en la que se involucran también las familias de los alumnos y toda la comunidad educativa, quiere estrechar los lazos intergeneracionales entre niños, jóvenes y ancianos y concienciar sobre la importancia de cuidar a nuestros mayores y compartir tiempo con ellos.
Como dice Jimeno, en esta interacción entre generaciones “les mueve el corazón”, y se produce una reacción, sobre todo entre los adolescentes, “al descubrir cómo los mayores son parte de la sociedad, y necesitan compañía, atención y cariño”.
Los cerca de 375 alumnos del centro se involucran en la iniciativa con postales personalizadas para cada uno de los residentes de los centros, en los que les felicitan las fiestas navideñas, les desean muchas visitas e incluso les preguntan de qué equipo de fútbol son. Cantan también villancicos y realizan actuaciones navideñas.


Desde las residencias, los mayores ofrecen bombones, chocolate y, el año pasado, en una de ellas se les entregó a los niños una manualidad hecha por sus residentes. Alguno de los mayores quiere incluso dar una propina a los pequeños.
“Las postales fueron preciosas. Parece mentira que los niños sean capaces de hacer algo tan bonito. A mí personalmente me emocionó, porque no tengo nietos y ese cariño me llegó al corazón”, contó luego Esperanza, una de las residentes.
“Trajeron mucha alegría, cantando villancicos y con su vitalidad. Además me hizo mucha ilusión que alguien se preocupara por mí, y más si son niños”, dijo Sacramento, otra residente.
Por su parte, Ainhoa Alonso, una alumna de 4º de la ESO, compartió después su experiencia. “Aprendí lecciones valiosas sobre la importancia de la compañía, la gratitud y el simple acto de dar sin esperar nada a cambio. Al regresar al colegio iba con una sonrisa de oreja a oreja y agradecida de haber brindado un poco de felicidad a aquellos que, en muchos casos, se sienten olvidados. Esta experiencia me recordó que los pequeños gestos pueden hacer una gran diferencia en los demás. Esa mañana fue un recordatorio de la magia que puede suceder cuando compartimos un poco de amor con aquellos que más lo necesitan”.
La magia de la interacción entre los que tienen el futuro por delante y los que ahora tienen ya recuerdos.
Nadie sin cena en Nochebuena
La iniciativa de un hombre para el 24 de diciembre
En el Asador de Mazagón, en la pedanía de Moguer, en Huelva, un pequeño negocio de pollos asados sigue la tradición de ofrecer un menú gratis por Nochebuena por décimo año. La iniciativa surgió de Pepe Prieto, cuando hace unos años, Prieto, ya jubilado, tenía una taberna cerca, en una zona frecuentada por temporeros del campo, muchos africanos y con necesidad, que acudían a pedir limosna. Prieto nunca dio dinero, pero siempre les ofreció un bocadillo o un plato de comida. De aquella tradición de cerrar el negocio los martes para ofrecer una comida gratuita, surgió el “¿y por qué no en Nochebuena?”
A partir de ahí, cada 24 de diciembre, el asador de pollos que abrió luego, hoy regentado por su hija y su marido, se dedica a repartir un menú compuesto por caldo y pollo con patatas fritas para compartir con la familia. Y si son más de tres miembros, se llevan dos pollos.

“Nos cuesta dinero, pero es un planteamiento simple: vamos a perder un día, pero tenemos 364 días después. Y la satisfacción que te queda luego no tiene precio”, asegura Prieto. Además, el pueblo se ha ido acostumbrando y hoy “el panadero nos trae el pan, y la gente del campo aporta piñas o fresas”.
Calcula que el día de Nochebuena se reparten entre 100 y 200 comidas hasta bien entrada la tarde. Se forma cola, y hay más demanda que oferta por momentos. Hay gente que se apunta y quizá no lo necesite y personas que exageran el número de miembros de la familia para llevarse más. Pero a Pepe eso le importa poco. “No miramos nada. Se necesita: hay mucho trabajador eventual y precario por la zona”.
Como asegura Pepe, este asador de pollos tan especial, “es pequeñito, pero grande de corazón”.
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