Ojos que duelen

Imagen de Zullah (Adobe Stock)

Un trastorno multifactorial que puede afectar la calidad de vida


Natalia Ferreyra

Ardor, picor, enrojecimiento, la sensación de tener arenilla dentro del ojo. Así empezó a sentirse la madrileña Beatriz cuando tenía 54 años. Tras acudir al oftalmólogo, lo atribuyeron a la presbicia, y le prescribieron gafas. Pero el picor de ojos no cesaba. Ahí supo de una condición que desconocía: el Síndrome del Ojo seco. 

Para la Tear Film & Ocular Surface Society (TFOS) esta patología compromete de forma significativa la calidad de vida de millones de personas en el mundo. Según el estudio Prevalence of Dry Eye Disease publicado en The ­Ocular Surface, en España, 1 de cada 5 personas que consulta al oftalmólogo se debe a esta razón, y solo un tercio está diagnosticado. La proyección mundial varía entre el 5% y el 50% según las características de la población, la definición de la enfermedad y otros factores de riesgo.

El síndrome es un trastorno multifactorial y heterogéneo de la superficie ocular. Se caracteriza por la pérdida de la homeostasis (el equilibrio natural) de la película lagrimal. Los síntomas son muy variables, lo que no permite establecer fácilmente un diagnóstico. Puede afectar gravemente la función ocular, la calidad de vida y la productividad laboral, por lo que es importante consultar a un profesional médico. Hasta el momento, no tiene cura, pero hay múltiples tratamientos eficaces para aliviar los síntomas.

A Beatriz le prescribieron un suero y  gotas con ácido hialurónico. “Estuve unos meses probándolas, pero no mejoré mucho”, recuerda.

Falta de lágrimas

Las lágrimas cumplen una función vital para el bienestar de nuestros ojos. Transportan oxígeno y nutrientes que lubrican y protegen la capa ocular. Esta película de “agua” funciona como un “escudo inmunológico” para los ojos, ya que contiene lisozima, enzima que descompone bacterias y anticuerpos y neutraliza los patógenos. 

Cuando los ojos no producen la suficiente cantidad de lágrimas o la calidad es deficiente, el resultado es lo que los médicos denominan ojo seco o queratoconjuntivitis seca. Esto afecta la película lagrimal que recubre la superficie ocular y provoca sequedad e irritación, pudiendo causar, incluso, daños en la córnea (parte frontal del ojo que cubre el iris, la pupila y la cámara anterior) y la conjuntiva (membrana delgada, transparente y mucosa que recubre la superficie interna de los párpados y la parte visible del globo ocular).

Las causas más comunes se asocian a la edad, a cambios hormonales (en mujeres mayores de 40 años), a factores ambientales (viento, calor, polvo, aire acondicionado, humo de tabaco) o la falta de parpadeo como consecuencia del intenso uso de pantallas. El uso de lentillas o las intervenciones quirúrgicas con láser también pueden ser factores de origen. Ciertos medicamentos como antidepresivos, ansiolíticos, anticonceptivos o antihistamínicos, o padecer alguna enfermedad autoinmune también puede influir. 

Gotas y sueros

El uso de gotas artificiales es el pilar fundamental del tratamiento y el más común. Bajo prescripción médica, algunos pacientes también acuden a los antiinflamatorios.

Cuando el diagnóstico es ojo seco severo puede usarse el suero autólogo, un colirio que se elabora a partir de la sangre del propio paciente, que al contener una gran concentración de proteínas contribuyen a la regeneración de la superficie corneal y la desinflamación de la capa superficial de los ojos. 

A Beatriz le prepararon sus dosis individuales “para uso semanal, que se conservan en el congelador. Se sacan y descongelan cada semana y se aplican entre tres y cinco veces al día”, dice. Lleva tres meses utilizando el suero autólogo, a la espera de ver resultados.

Ambiente y calidad de vida

Factores ambientales como viento, temperaturas altas, humedad baja, altitud y contaminación del aire pueden incidir en la salud ocular. Recientes investigaciones han asociado cuestiones ambientales en interiores que podrían afectar a esta dolencia.

La concentración de partículas contaminantes del aire se relaciona con los síntomas y signos de ojo seco. En cambio, la humedad se asocia positivamente. Estos hallazgos sugieren que la regulación ambiental en interiores, como la humedad y la reducción de partículas en suspensión, puede ser un objetivo terapéutico. 

Nuevas investigaciones 

En los últimos años se están realizando ensayos clínicos de terapias innovadoras para tratar los diferentes mecanismos de la enfermedad:


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