Cuando calienta el sol

En verano cambian las condiciones del entorno y cómo nos relacionamos con él


Natalia Ferreyra

Para muchos, el verano es la estación más esperada del año. Los días se alargan, las noches se llenan de conciertos al aire libre y las barbacoas se multiplican. Sin embargo, en materia de salud, los centros médicos y las guardias hospitalarias no descansan. Los golpes de calor, las intoxicaciones alimentarias, la exposición excesiva a la radiación ultravioleta y problemas derivados del agua o los mosquitos son riesgos de esta época.

“En verano, la carga mental para madres y padres es mayor. El protector solar, los repelentes de insectos, el cuidado al aire libre… Por no hablar de las piscinas: mi hijo cada vez que vuelve de un día de baño, algo se pilla: virus o un resfriado”, cuenta Luciano, padre de Pedro, residente en Madrid. 

Pero la prevención solo requiere de disciplina y no bajar la guardia, ya que el verano trae problemas previsibles ligados a la radiación solar, al agua recreativa, a la cadena alimentaria y a los desplazamientos. En esta época no solo cambian las temperaturas: también cambia el agua que usamos, la forma en que conservamos los alimentos, cuánto nos exponemos al sol y cuánto viajamos.

En España, según los últimos datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Ministerio de Sanidad, entre el 16 de mayo y el 30 de septiembre de 2025 se estimaron 3.832 fallecimientos atribuibles al exceso de temperatura. Esta cifra refleja el impacto global del calor sobre la salud pública, más allá de los casos clínicamente confirmados de golpe de calor.

La mayoría presentaban factores de riesgo —enfermedades crónicas o medicación sensible al calor—, pero también personas que trabajan al aire libre, quienes realizan actividades de ocio bajo el sol y personas en situaciones de vulnerabilidad, como vivir solos o en viviendas sin climatización.

La Organización Mundial de la Salud recuerda que, aunque las cifras aumentan año a año, los efectos del calor son en gran medida prevenibles. Las personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales o mentales requieren medidas específicas, pero la población general puede evitar un golpe de calor con hidratación regular, limitando la actividad física en las horas centrales del día, buscando sombra o ambientes frescos, usando ropa ligera y prestando especial atención a mayores, niños, embarazadas, trabajadores al aire libre y personas con enfermedades crónicas.

Las quemaduras no son el único problema cutáneo. El daño acumulado por radiación ultravioleta es la principal causa de la mayoría de los cánceres de piel. Por ello, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) insisten en que la protección solar es importante durante todo el año, no solo en la playa. Evitar el sol del mediodía, usar ropa protectora, sombrero, gafas con filtro UV y fotoprotectores de amplio espectro son clave.

“Cada verano, me suelo poner como un cangrejo. Las consecuencias: piel enrojecida y algunas veces me han salido hasta ampollas”, cuenta Natalia, de 35 años, nacida en Barcelona. 

Al calor y la radiación solar se suma la humedad y los posibles fallos en la cadena de frío de los alimentos. Las intoxicaciones alimentarias se producen al ingerir alimentos contaminados por bacterias, virus o toxinas. 

“Be food safe” fue una campaña iniciada por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos que promovía cuatro medidas básicas para el cuidado de la conservación de alimentos: limpiar, separar, cocinar y refrigerar. Es fundamental, además, no dejar alimentos perecederos fuera del frigorífico, cocinar bien carnes y huevos, lavar manos y superficies, separar alimentos crudos y cocinados y extremar precauciones en picnics, barbacoas, playas y viajes.

“Los virus estomacales que suelen acentuarse en período estival los vinculo a comer fuera de casa, sobre todo alimentos como huevos o derivados (mayonesa)”, dice Natalia. El Yellow Book 2026, con recomendaciones sanitarias, señala que la diarrea es una de las enfermedades más comunes asociadas a los viajes y una de las más prevenibles. Se recomienda extremar la precaución con el agua y el hielo en destinos de riesgo, mantenerse bien hidratado e ir al médico en caso de fiebre, sangre en las heces o deshidratación.

El otro tema es el agua de baño. Tras largas horas en piscinas, pueden aparecer molestias frecuentes en niños, como el dolor de oídos. La humedad en el conducto auditivo favorece la aparición de otitis externa, una infección que puede causar dolor intenso. Para prevenirla, conviene secar bien los oídos tras el baño, evitar introducir bastoncillos y tomar medidas protectoras en episodios recurrentes.

El CDC recuerda que las enfermedades asociadas al baño también pueden provocar diarrea, erupciones cutáneas, irritación ocular o respiratoria, así como infecciones derivadas de ingerir o entrar en contacto con agua contaminada.

El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades advierte de que Europa está entrando en una fase de transmisión más amplia de enfermedades transmitidas por mosquitos, como el dengue, el chikungunya o el virus del Nilo Occidental. El uso de repelentes, ropa que cubra brazos y piernas, mosquiteras y eliminación de agua estancada son fundamentales para prevenir su propagación. Estas enfermedades suelen provocar fiebre y dolores musculares y, en algunos casos, pueden ser mortales.

La conjuntivitis —relacionada con el cloro o el agua contaminada—, las infecciones urinarias, como la cistitis, y algunas infecciones respiratorias también aumentan en esta época.

El contraste entre las altas temperaturas exteriores y el aire acondicionado frío, junto con el uso prolongado de ventiladores, puede irritar las vías respiratorias. Estos cambios bruscos afectan a las defensas de la garganta y los bronquios. Se recomienda mantener el aire acondicionado a una temperatura no inferior a 24°C, evitar la exposición directa a corrientes de aire y consumir líquidos a temperatura ambiente.

El verano cambia las condiciones en las que vivimos y nos exponemos al entorno. Por eso, prevenir, es la forma más sensata de disfrutarlo. 


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